Crónicas del Pirineo. El Aster alpinus

Es el gozo de caminar por un imponente paisaje, el del valle de Pineta. Paredes altísimas y verticales, de más de un kilómetro entre el fondo, donde brilla el río Cinca y las cumbres, las de las Tres Sorores y las Tres Marías. Uno tan diminuto, la subida tan esforzada desde el primer momento y todo tan inmenso.


Pero un paisaje son tantas cosas. Desde lo más grande a lo más pequeño, puede despertar esas emociones que ando buscando en la montaña. Y en esta parte del Pirineo todo me unifica con la naturaleza. Así que cuando llevo más de una hora subiendo por la senda zigzagueante que lleva al Balcón de Pineta, me encuentro con los primeros ejemplares de ásteres (Aster alpinus) de un color que no te esperas. Esos tonos malvas de las largas lígulas y el anaranjado del capítulo, en el que se reúnen las verdaderas flores, la hace inconfundible. Es un áster, una estrella. Aunque en estas montañas existen dos especies muy parecidas. El más fácil de encontrar, el Aster alpinus, crece en grupos localizados, como la población del Balcón de Pineta, repartida por los pastos pedregosos y empinados del piso subalpino. El Aster pyrenaeus, puede alcanzar los 80 centímetros, el doble que A. alpinus, además, con varias flores en el tallo. Encuentro y fotografío la especie alpinus, que se reparte por las montañas europeas y del centro de Asia. Mientras, el Aster pyrenaeus es muy escaso, sólo crece en el Pirineo francés y en las Montañas cantábricas donde se conoce desde 1979.
Lo inmenso y lo pequeño, tan relativo. Solo el detalle llena de plenitud el camino, su observación atenta nos introduce en estos maravillosos paisajes.

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