'Quién te cerrará los ojos', de Virginia Mendoza
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La falta de uso derrumba los viejos cortijos. |
Nuestras escritoras jóvenes.
Sobre el libro ‘Quién te cerrará
los ojos’, de Virginia Mendoza, editado por Libros del K.O.
Los padres dejaron el mundo
rural. Los abuelos son los últimos de los pueblos. Los sistemas económicos
provocan estos flujos, igual que las migraciones hacen viajar estos días a las
aves que vienen de África. Y sus impulsos por los recursos alimenticios, en
definitiva el trabajo, vacía los pueblos y llena ciertas capitales. En muchos
pueblos se cierran escuelas y luego las parroquias. “Dicen que las campanas son
el alma de los pueblos, las joyas de las iglesias, la voz de Dios”.
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Mundo rural en la Subbética cordobesa. |
Las condiciones de vida originan
cambios. Bien lo saben las golondrinas. Cambios incrustados desde los orígenes
del ser humano. El rigor de las estaciones, la caza, provocaron también
desplazamientos. Hoy el mundo rural desaparece, se despuebla, no es suficiente
para retener a la población.
Pero allí donde hay un ser humano,
hay una historia, un relato y una cultura. Rescatar esas historias es
necesario, y qué gusto leerlas de mano de Virginia Mendoza. Son “historias de arraigo y soledad en la
España rural”, en un volumen con ilustraciones de Buba Biedma. Contadas, creo,
con más humanidad que la que el fotógrafo Eugene Smith dedicó a los habitantes
de Deleitosa, en 1950, que tenía 2.650 habitantes. Este pueblo cacereño tiene
hoy 775. Esta es la primera historia del volumen. Smith fabricaba sus
fotografías, aprovechaba la fotogenia de la miseria, Virginia Mendoza hace otro
periodismo, más antropológico, habla del carácter de estas personas que han
decidido quedarse, de su resistencia y rebeldía.
Quién dice que el ser humano no tiene raíces,
y esas raíces originan la misma alegría que la de las hormigas y las amapolas, sé
que las raíces no lo son todo. Creo que siempre hemos sido nómadas, al menos a
fuerza de hambre y para no estar solos. Pero hay poder en las raíces, y ese “polvo
que vuelve a conectarme con el mundo, con la tierra, con mi abuelo, con la
infancia. En Espierba, (un nombre de
pueblo tan bello como el valle pirenaico donde se encuentra) madre e hijo son
sus últimos habitantes. Él recopilando palabras belsetanas, que como los
habitantes, se van perdiendo. El pastor Ángel Luis ha decidido quedarse, lleva
décadas recopilándolas, “mientras la sociedad sigue promoviendo su alegato a
favor del movimiento incesante, de la prisa…”.
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Estos irregulares caminos nos conducen a historias de vida. |
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