jueves, 17 de febrero de 2011

Por el Puerto del Viento y más arriba

El Puerto del Viento, que apelativo tan bello, Puerto del Viento, a 1.190 metros de altitud. Los últimos 40 kilómetros, en coche, discurrieron por los municipios de Ardales y El Burgo, por carreteras provinciales, a veces en no muy buen estado. Contemplando retazos de pinares, encinas y quejigos o almendros en flor, como pequeños rincones de un jardín japonés. Pasé por el mirador del Guarda Forestal y después el puerto de montaña.


Nunca había caminado por esta zona, y el mapa no señalaba ningún sendero. Solo un pequeño recorrido que de la misma carretera te acerca a un covachón donde, al parecer, se refugiaba el bandolero Pasos Largos (en El Burgo está su busto). Así que comencé por un camino de cabras a trepar por una de las laderas de la Sierra Blanquilla. Primero entre los magníficos lirios (Iris planifolia), verdadero símbolo de las sierras béticas, como pequeños estandartes anuncian que los días se alargan, después del solsticio de invierno. Entre los canchales, como gotas de oro, la pequeña violeta amarilla (Viola demetria) es también una buena, aunque rara, representante de estas sierras, en este caso de distribución más restringida que la anterior, ya que es exclusiva de la zona bética-magrebí. Tampoco es abundante el azafrán blanco (Crocus nevadensis) otro buen representante invernal que he encontrado entre las aulagas y coscojas de Sierra Blanquilla, cuyas flores se prolongarán hasta abril. Destaca el dibujo de las venas violetas sobre los pétalos blanquecinos, venas que se unen en el tallo. Y otras florecillas que anuncian la inminencia de la primavera son los alfileritos (Erodium primulaceum), de pétalos rosados, dos de ellos maculados.

Arriba, el paisaje kárstico ha transformado las calizas en gradas cuarteadas o ha agujereado la piedra, convirtiéndola en lonchas de groullere. He caminado con dificultad, con el cuidado de no meter la bota en una de las grietas, hasta llegar a la cima; y entonces me he enamorado de la sierra de las Nieves, colocada apaciblemente frente a mí, coronada de nieve. Desde mi posición se ven, con ayuda de los prismáticos, perfectamente los pinsapos (Abies pinsapo) y todos los vallecillos y recovecos, a los que me traslado románticamente, atraído por su aspecto recóndito y salvaje.

martes, 8 de febrero de 2011

Oscuros merodeadores


Si no son los cuervos (Corvus corax), son las grajillas (Corvus monedula); para mí, poderosos merodeadores de los campos. A veces, relajado, en la parcela familiar, mientras leo o hago cosas sencillas como recoger piedras o cavar, escucho el graznido de los cuervos. Hay una pareja, que habitualmente sobrevuela mi cabeza, sobrevuela la tosca mesa de traviesas de tren y los arbolitos ahora desnudos que hemos plantado en los últimos años. Lo más seguro es que yo sea el infiltrado en su territorio, que debe ser inmenso y perfectamente memorizado por esta pareja de cuervos. A uno de ellos le falta una pluma, primaria, perfectamente distinguible, y que no le afecta en su vuelo. El ronco carraspeo, seco, resuena sobre los olivos. Es relajante, sabes que la fiel pareja vuela cerca y su charla acompaña.


También en La Camila, es frecuentada por otros córvidos, las grajillas, más gregarias, grajean con la alegría de una pandilla de jovenzuelos. Las grajillas, también encantadoras, me observan desde los postes del tendido eléctrico o telefónico. Avispadas y curiosas, su relativa confianza me permite fotografiarlas, y amplio la imagen hasta distinguir el azul claro de sus ojos.

S`ils ne sont pas des corbeaux (Corvus corax) ils sont les choucas (Corvus monedula), por moi, maraudeurs puissants des champ. Parfois, détendu, dans la parcelle familial, pendant que je lis ou je fais de choses simples comme ramasser des rochers ou de labourer, j´entends les croassement des corbeaux. Il y a un couple, qui survole régulièrement sur ma tête, survole la table rude, des traversas, et les petites arbres. Le chose la plus sûre, c´est que je suis le infiltré leur territoire doit éter énorme et parfaitement mémorisé par le couple de corbeaux. L´un d´eux le manque une plume primarie, parfaitement visible, et qui n´affecte pas son vole. D´une voix rauque. Resoné des oliviers. C´est relaxant, tu sais que le fidèle partenaire d´oiseaux c´est près d´ici et son bavardage accompagne.
Egalement dans La Camila, est frecuenté par les corvidés, le choucas, plus grégaries elles croassent avec la joie d´une bande de jeunes. Les choucas, trop belles, elles me regardent de la ligne electrique. Artful, curieux, leer confiance par rapport me permet de les photographier, et l´échelle de l´image de distinguer le blue clair de ses yeux.