viernes, 30 de diciembre de 2011

Pensando en Tomas Tranströmer y en la loma de Papeles

De Tomas Tranströmer, que el 10 de diciembre recibió el premio Nobel de Literatura, las fotos son del 8 de diciembre:




Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,

parto hacia la isla cubierta de nieve.

Lo salvaje no tiene palabras.

Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones.



Si acertamos con los estrechos caminos que salen de Güejar Sierra y que se adentran en el macizo de Sierra Nevada, buscando el río Maitena y el cerro de Papeles, daremos con un recorrido que recomiendo. No es duro, no hay gran desnivel y se marcha por un carril que se puede hacer en coche, hasta llegar a más de 2.000 metros, camino de los Lavaderos de la Reina. Yo prefiero dejar el coche al poco de pasar el puente sobre el Maitena, y caminar entre pequeñas explotaciones ganaderas, algunas casitas y rodales de melojos. Ayuda y prepara para el magnífico panorama que nos espera más arriba. La loma de Papeles, es el mirador perfecto para saber cómo es el núcleo más alto de los tresmiles de Sierra Nevada con la Alcazaba (3.364m.) Mulhacén (3.479m.) y Veleta (3.396m.). Si el día está despejado disfrutaremos de las vistas, de unos picos que quedan a más de diez kilómetros del observador, majestuosas.

Para entender las cumbres, subió hasta aquí en agosto de 1915 el geólogo suizo Hugo Obermaier, para contemplar los barrancos de San Juan, Guarnón, Valdeinfierno y Valdecasillas. Estos tres últimos los dibujó calculando las dimensiones de sus glaciares cuaternarios, desde hace 1,6 millones de años. También suben por aquí los ganaderos y en sus tareas con las reses contemplan los picos y las nieves, y la hierba sobre todo. Los excursionistas y montañeros, con sus objetivos de ida y vuelta o sube y baja. También los operarios que desde una caseta amarrada a las piedras, en un mirador espléndido, otean las masas de pinos silvestres. Imagino que ese es el trabajo de los que allí suben. A esa caseta de vigilancia contra incendios…

¿Y si lo uniéramos todo? El placer de caminar, de comprobar la salud del verde denso de los pinares, o el verde ralo de la hierba, de intentar conocer la huella de los hielos y sus restos morrénicos y añadir el frescor del aire de las alturas, tan bueno para avivar los sentidos. Dejarse sentir pues lo salvaje no tiene palabras.

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres helechos testigos de las nieves

Y es que hoy he leído que la estación de esquí se ha metido con una de sus pistas, Águila, en territorio del parque nacional de Sierra Nevada. Arañar terreno al beneficio de la industria turística de la nieve. ¿Por qué no hacemos aparcamientos debajo de las catedrales? Es tan difícil respetar lo sublime. Y más complicado aun entenderlo.


El hermoso barranco de San Juan se suma con su ladera oeste a la oferta sol y nieve. El pobre paraje con sus feuchos puentes en la parte baja, con su cantera de serpentina y muy arriba plagado aquí y allá de plásticos de todos los colores provenientes de la estación de esquí.

Antes de la masificación y el negocio, el 30 de octubre, estuve por esta zona. Como siempre, buscando su belleza, la amplia e inmensa de estas alturas y también la pequeña, la minúscula, la que susurra al oído. Un día de otoño a 2.500 metros, con esa luz transparente que refleja nítidamente todo. Con los primeros centímetros de nieve y rodales de hierba dorada por los meses anteriores de implacable sol.

Lo grande y lo pequeño. Caminando con la vista arriba y abajo. Porque en las grietas de los esquistos te encuentras con formidables vegetales. Estas son las tres especies de helechos que encontré en los intersticios: Asplenium septentrionale, Polistichum lonchitis, Dryopteris filix-mas. Criaturas bellísimas, pero por favor, que las máquinas y los esquiadores vayan por su lado.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Desde la Sierra de Rute con Carlos Soria

No hace frío pero tengo frío. Y la lluvia se acerca, es una cortina neblinosa del mismo tono sucio de los nubarrones. Estoy en la punta de la falda de la sierra de Rute, que impide en una abierta curva de 6 o 7 kilómetros el avance del olivar, que hasta aquí ya no sube, aunque se queda cerca de estas empinadas y pedregosas laderas.


No he salido a esta soledad, he venido a esta compañía, la del viento, las hojas y los petirrojos. Y más temprano, antes de llegar escuchaba una entrevista al montañero Carlos Soria, lo admiro. Necesita la naturaleza, decía. Los ríos, los árboles y las altas cumbres. La semana pasada este montañero estaba en Cabra, adonde fui a escucharle. Sostiene Carlos Soria, que no es bueno escribiendo, “fui hasta la jubilación un tapicero”. Ahora tiene 72 años. Bueno, le han pedido un libro, yo me conformo con su forma de hablar, sencilla, optimista, transparente y apasionada. Cómo cuenta los amaneceres, esa raya de luz en el horizonte que deja aun un buen rato en la oscuridad el fondo de los valles y que ilumina primero las más altas cumbres y a quien está en ellas. Admirable.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un lúgubre día de noviembre

6 de noviembre, día encapotado. En el valle de los Fósiles. Primero unas bellotas, después un par de almendras y luego unos disparos de cazadores y los ladridos histéricos de sus perros. Estoy demasiado cerca y vuelo como los zorzales a la otra parte del valle, dejo el pequeño arroyo y gano altura. Aparecen grandes huecos pedregosos rodeados de perfiles definidos de estratos calizos, me siento entre lonchas de pedruscos enormes, amontonadas, como si fuera la tapia trasera de un cementerio de gigantes, donde se acumulan vejas lápidas. Y es que el día es lúgubre, no por las magníficas nubes que nos regalan sus grises panzas, del mismo gris que estas viejas calizas. No… uno, otro y otros más graves en la lejanía, como si azotaran una alfombra. Son los cientos de disparos los que hacen este día de noviembre especialmente fúnebre. Acaba de pasearse una hormiga por el cuaderno, creo que ha dado el visto bueno.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El otoño desde Sierra Nevada

Por fin ha llegado el otoño. ¿Cada vez llega más tarde? O más bien queremos que el año cumpla con sus estaciones. Necesitamos los cambios, porque de todo nos cansamos, incluido el luminoso y plácido verano. Bueno, también abrasador, lo que para mí lo convierte en insoportable.


Anunciaron la llegada de las lluvias. Fui al detalle de Sierra Nevada. Donde el pronóstico colocó cierta nubosidad y posibilidad de chubascos débiles. Así que madrugué para recibir la temporada en la alta montaña nevadense. Mi recorrido tomó el carril que te lleva hasta el refugio de San Francisco y después el sendero que llaneando entre los 2.150 metros, te asoma al barranco del río Genil, justo enfrente del refugio de la Cucaracha, en la ladera de enfrente y a menor altura. Llegando al refugio comenzó a llover. El edificio, encalado y de cúpula roja, destacaba como los hitos kilométricos de las carreteras. Una construcción casi centenaria, erigida a principios del XX, en la fachada hay una placa que indica 1920, por el Club Sierra Nevada. Un nido de águilas, antes de llegar a los peñones de San Francisco.

Como no había viento, el paraguas me fue lo suficientemente útil como para completar el recorrido, de unos seis kilómetros. Era el paisaje emborronado por la niebla, el rumor de la lluvia y la soledad de la montaña lo que andaba buscando. Tan paisaje es la definida figura de la montaña, como las etéreas nubes, con sus aguas y sus copos. Entre los jirones de la niebla, por momentos distinguí las primeras nieves asentándose en las cotas altas de la montaña. Bajo unas rocas, medio protegido por ellas y el otro tanto por el paraguas, estuve un rato, comiendo almendras y leyendo y escuchando el torrente del barranco de San Juan. ¡Cuantos santos, en un lugar cuya espiritualidad creo que no los necesita! Baje hasta el arroyo, mínimo en esta época. Seguí el sendero paralelo a un tramo de la acequia Haza Mesa. Después desemboqué en unos prados secos, cuajados de bostas del ganado que pasa el verano haciendo carne en estas alturas, grandes mierdas más o menos frescas y cientos de cardos cucos secos. Solo faltaba asomarme a las lomas que dan al barranco del Genil y del Guarnón para llegar al final del recorrido y disfrutar de las panorámicas. Como seguía lloviendo, retrocedí hasta el hueco de unos peñones, donde comí un bocadillo de mortadela, apaciblemente, callado, a las cuatro de la tarde, y con una temperatura de siete grados, dejando que el otoño se presentara.

martes, 18 de octubre de 2011

Flores de otoño en el cerro Acebuchoso

Tres flores proclaman estos días que han vencido al verano. Que los calcinadores rayos no han penetrado lo suficiente en el terreno o en las grietas de las piedras, que cuatro meses sin lluvia, sin agua que percole hasta las raíces, no han acabado con las estrategias de Colchicum lusitanicum, Unginea maritima y Lapiedra martinezii. En el proceso vital de estas plantas, que tras el reseco estío se presentan en flor, está como elemento fundamental el bulbo, la base de sus reservas, lo que les permite mostrarse cuando ya no hay competencia de otras flores y aún quedan insectos polinizadores. Las hojas vendrán en primavera, para fabricar los azúcares que las mantengan durante el resto del año.


De tépalos rosados, el cólquico en el cerro del Acebuchoso (Lucena) aparece alfombrando toda la parte norte, más fresca y con suelos pedregosos pero profundos, bajo grandes acebuches, lentiscos y jazmines. En menor abundancia pero destacando en su larga espiga de flores blancas, crece aquí y allá la hierba albarrana. Si buscamos en los grandes peñones de la parte superior del cerro encontraremos brotando de las grietas a Lapiedra. Nombre en reconocimiento a la botánica gaditana María Josefa Martínez Lapiedra colaboradora del botánico M. Lagasca. Tres plantas termófilas, que en lo más duro de estos territorios hablan de vida.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Queso y montaña


Suenan las doce, nítidamente llegan hasta aquí las campanas del reloj de la iglesia de Sueros. Es un sonido de pueblo, campanadas nada solemnes, las vuelve a repetir el reloj, recordándonos que son las doce, de este último sábado de septiembre. El sol aun pica, estoy en el mirador de la garganta del río Bailón; y descanso después de 30 kilómetros pedaleando tranquilamente por la vía verde. Desde aquí arriba se ven perfectamente dos calles que se dirigen a la plaza del castillo, y que a esta hora, las doce, ya van llenas de visitantes a la VIII Feria del Queso. Hummm… queso y cerveza fría. Pero antes tenemos un poco de escala con los niños, abrazar las rocas calizas. Algún coscorrón de las pequeñas y después queso.

lunes, 19 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Joyas del Veleta

La subida al Veleta de 3.398 metros, ha sido una buena manera de terminar los días de agosto. El pasado 25, subí a esta accesible cumbre de Sierra Nevada, donde, sorprendentemente, pude ver hasta una treintena de flores. Sinceramente, a estas alturas del verano no esperaba ver ni la cantidad, ni la variedad de plantas alpinas que retraté por el camino de subida. Casi cuatro horas para salvar los casi 900 metros de desnivel desde el punto de partida, en la Hoya de la Mora hasta el mismísimo Veleta.


Un día espléndido me acompañó, quizás algo ventoso, pero no especialmente caluroso. En la cumbre almorcé a 19º C. Un pico tan alto realmente te sitúa en el centro de todo. En su vértice giras, ves las moles cercanas del Mulhacén o la Alcazaba y sobre todo abajo quedan la mayoría de las cosas, los pueblos, los invasivos invernaderos almerienses, la vega, los problemas…

Pero tan absorbente como el horizonte lejano son las rocas y sus grietas, que aparecen al caminar. Aquí y allá refugiadas, pequeñas plantas y a veces, diminutas flores, luciendo en un océano gris de pizarras y esquistos. Y yo caminando felizmente por estos altos lugares, casi silbando de contento, entretenido en medio del ligero ambiente.

miércoles, 6 de julio de 2011

De dólmenes y ermitas, de humanos y piedras

En las vacaciones de agosto, cuando el día se presenta lluvioso o tormentoso, aprovechamos para visitar pueblos. No descubro nada si recomiendo la ruta de las ermitas y el dolmen de Tella. Con la mente relajada uno percibe mil cosas más. Como la llegada de los aromas de la tierra mojada, el trueno sordo, lejano, rebotado en las porosas piedras que rodean al pueblo, y que no son otras que Ordesa por un lado, o Peña Montañesa por el contrario. Los maravillosos grises de los nubarrones panzudos, como a punto de desplomarse. Amenazando los cortos paseos que nos llevan primero al dolmen.


Es un megalito famoso, símbolo en el Sobrarbe. Este dolmen de Tella tiene una antigüedad de cinco mil años (III milenio pone la guía ‘Megalitos del Alto Aragón’ que habla del eneolítico). Sobre el significado, se especula que podrían ser lugares para ritos o enterramientos. También podría marcar un territorio, imagino de los primeros pastores y cazadores. Cuando uno está junto a esas piedras sabe que es un lugar único, poderoso, que los primeros pobladores también sintieron, fueron los primeros en maravillarse y simbolizarlo con esas rocas. Un dolmen es el centro del paisaje. Su experiencia directa quizás sea la mejor manera de comprenderlo.

Y es que setecientos metros más adelante, está el pueblo de Tella, el poder circundante de las montañas es igual de poderoso: Ordesa, Castillo Mayor, Peña Montañesa, Cotiella, son los gigantes calcáreos que dominan todos los puntos del horizonte. Aquí, hace un milenio, también por motivos territoriales y rituales, comenzaron a erigirse hasta cuatro ermitas. En el mismo Tella la de San Martín, y a las afueras del pequeño pueblo la ermita de la Virgen de las Fajanillas, románica aunque ampliamente reformada en el XVI, en un promontorio esta la ermita de la Virgen de la Peña, austera, del XVI y la mas antigua del conjunto, del primer románico pirenaico, data del 1018, la ermita de los Santo Juan y Pablo. Las piedras y el ser humano.

lunes, 20 de junio de 2011

La cantera de Sierra de Aras

La cantera de piedra caliza de la Sierra de Aras es un gran mordisco en su parte este, visible desde lejos; y ya a estas alturas, una marca blanca, distintiva de esta pequeña sierra de 868 metros de altitud. Casi treinta años después del inicio de la extracción de piedras y creo que dos décadas del fin de la explotación minera, la naturaleza, poco a poco ha ido tomando posesión de ella. Realmente, se debería haber restituido la vegetación original mediante un sellado, al que obliga la ley. Esto no se ha hecho, es algo muy costoso. Sí se ha rellenado con escombros pero sin completar este gran cráter hecho a golpe de barreno y excavadora.


El impacto paisajístico ahí queda. La naturaleza lentamente irá borrando la marca del hombre, pero me hago a la idea de que necesitará unos cuantos cientos de años. Es la roca madre lo que está al descubierto, los paredones deberán ser lavados y lavados por las lluvias, vueltos a secar por el sol. Los líquenes irán cubriendo lentamente las paredes expuestas, que con el paso del tiempo tomarán el tono grisáceo del resto de rocas. Las plantas, las bacterias y la humedad deberán hacer de nuevo suelo apto para una cubierta vegetal. Aún así la marca permanecerá para siempre.

Pero el trabajo ya ha comenzado, con plantas especialistas de terrenos secos y baldíos. El ajonje (Andryala ragusina) es un ejemplo de vegetal habituado a los pedregales, y aquí ha encontrado su sitio, como el poleo de monte (Teucrium capitatum), otra dura planta de secarrales. Y la sorpresa de la cantera, una rutácea, familia especialmente fragante, aunque de olor tan intenso que puede no gustar. Es la ruda española de hoja de lino (Haplophyllum linifolium), que según ‘Nueva flora del Subbético Cordobés’ del botánico y amigo Enrique Triano, es una planta muy rara en la comarca. Una flor de terrenos removidos y pedregosos. La naturaleza ya está en marcha, aportando además algunas joyas como la ruda española de hoja de lino, con poblaciones puntuales en toda Andalucía, donde está calificada de vulnerable. Por cierto, solo encontré un ejemplar, en la cantera de la Sierra de Aras.

lunes, 13 de junio de 2011

‘Plantas trepadoras’, de Charles Darwin

‘Plantas trepadoras’, de Charles Darwin. Un pequeño volumen de apenas 200 páginas, que el gran naturalista publicó en 1865, con ilustraciones de su hijo George Darwin. Aunque de monótona lectura, una página tras otra describiendo y midiendo minuciosamente los giros de las plantas que se enroscan, que se agarran con sus hojas, o mediante zarcillos o que para buscar la luz vital se valen de raicillas, espinas o dientecillos. A pesar de esta sucesión de datos, como una letanía científica, es un libro atrayente para un aficionado a la botánica, su interés radica en el método, en la observación minuciosa y permanente para llegar al conocimiento. Y entre descripciones aparece la vida de Darwin, porque él vive con las plantas o viceversa, su estudio donde cría algunos ejemplares, otros están en su invernadero, hay plantas por todas partes. Días en que cada hora anota la evolución de una planta, las frota con palitos, les cuelga hilitos, anota sus observaciones, las reacciones de los tallos, las hojas, las pinta para comprender la manera de girar. Experimentos sencillos, inteligencia y método. En definitiva una manera de llegar al pensamiento de Darwin, y al movimiento de las plantas.

lunes, 6 de junio de 2011

El gusto por las laderas pirenaicas

Estas son algunas de las mariposas que fotografié en la subida al Puerto de Bielsa o de la Forqueta, a 2.428 metros, frontera entre España y Francia. Se encuentra justo encima del túnel Bielsa-Aragnouet. Un paseo agradable en total contacto con la montaña, su soledad, el viento batiente en las empinadas laderas y el rumor de los arroyos.


Nada más dejar el coche en la explanada que hay junto a la boca del túnel, comienza una subida presidida por la cascada de Pinarra, más arriba se encuentra el ibón del mismo nombre, que en otra ocasión visité en un día de lluvia. Entre el bosque clareado, ya estamos a más de 1.700 metros, encontré algunos ejemplares de Parnassius apollo, que se dejaban fotografiar sin problemas. Mariposa apolo que es verdadero símbolo de nuestros grandes sistemas montañosos, dejándose querer por el sol. Más arriba y en el mismo sendero, encuentro en las primeras horas de la mañana un par de especies de erebia, un género también muy montaraz, la erebia metálica común (Erebia cassioides) y la erebia de otoño (Erebia neoridas). Retratadas entre los 1.800 y 2.000 metros de altitud. La erebia metálica alcanza los Balcanes y en España se la puede encontrar en los Pirineos y los Picos de Europa. La erebia de otoño se reduce al Pirineo, además de una amplia franja de los alpes marítimos. La manto de oro (Lycaena virgaureae) sí que tiene una amplia distribución por toda Europa, mariposa de prados desde el nivel del mar, tiene querencia por estas laderas herbosas, en España habita en la mitad norte. En su límite altitudinal encontré en estos altos valles, a 1.800 metros, la falsa limbada (Polyommatus semiargus). Esta excursión la realicé en las vacaciones del año pasado: el 8 de agosto de 2010, y viene bien recordar los buenos momentos en las montaña.

sábado, 28 de mayo de 2011

Los jardines verticales de la Sierra de Rute

Después de unos cuarenta minutos caminando desde Rute, y ya metidos en el pinar, por el sendero GR-7, comenzamos a atravesar una serie de grandes farallones, que tienen su origen en la verticalidad de los estratos rocosos de esta parte de la sierra ruteña. Son grandiosos, comienzan a una altura de 900 metros y suben hasta casi los 1.300 metros del pico de Sierra Alta. Remonto trabajosamente un canchal formado a la salida de una serie escalonada de estas grandes paredes, de entre 50 y 100 metros de altura cada una. Trepo entre las grandes calizas, buscando la mejor forma de introducirme en el dédalo rocoso.

Al poco, la soledad te ayuda a situarse en este abrupto paisaje, que se encuentra en su mejor momento: ante mí un jardín vertical, de flores raras y únicas: la cespitosa Cerastium gibraltaricum, antes conocida como C. boissieri, que también crece en rellanos y laderas, la milamores Centranthus macrosiphon vigorosa y abundante, Crepis albida perteneciente a un género amante de las gleras y la verticalidad, la colleja alpinista Silene andryalifolia, otro género de especialistas montañeras son las saxifragas y la Saxifraga reuteriana se ubica en las montañas calizas andaluzas, el pampajaritoSedum acre, muy extendido, y he dejado para el final la joya de la Sierra de Rute, la Hipochaeris rutea, flor rupícola, única, que sólo crece entre estos tajos.








lunes, 4 de abril de 2011

Primeros días de primavera en La Camila y campiña alta de Lucena

Entramos en la primavera, las horas de luz se amplían, y los atardeceres se alargan. Mientras los agricultores pasaban con sus vehículos junto a la laguna de los Jarales, porque hay una carretera que la bordea, tras terminar su jornada, yo preparaba el trípode y el telescopio. Poco a poco la tranquilidad fue dominando el trasiego de coches y tractores, dando paso al gorjeo, al chapoteo de los patos. Se impone la laguna, como un espejo de luz con el marco oscuro de los tarajes a estas horas. Pasan volando unos azulones, veo un pato cuchara, todos emparejados. Las fochas ahuecan las alas y aparece un somormujo lavanco. En estos primeros días de primavera veo malvasía cabeciblanca, patos cuchara o garceta común. Ha oscurecido y las últimas luces se escapan de las aguas de la laguna y arriba vuelan unas garzas.
Y hoy vuelvo con la bici por estos parajes. Donde las flores comunes de la campiña parecen las reinas de estas tierras. Me entretengo retratándolas, como la Aristolochia paucinervis, de la que se alimentan las orugas de Zerynthia rumina, que también persigo en sus intermitentes vuelos por estos prados, escasos entre el intensivo olivar. Prados vitales para las orquídeas: Ophrys speculum, O. lutea, Orchis italica.


miércoles, 9 de marzo de 2011

Pólenes de las primeras flores del año de La Camila (Lucena)

Polen (Del latín pollen: polvo muy fino, flor de la harina) Los de la fotografía han sido aumentados entre 160 y 200 veces, con un microscopio escolar. Fosiliza, perdura, se eterniza en sus minúsculas y maravillosas formas, gracias a su capa externa imputrescible. Entonces habla de especies extintas, o de las que prosperaron en una zona en la que ya no crecen las flores que los expulsaron.


Conjunto de granos microscópicos producidos por los estambres de las plantas con flores (fanerógamas) y que representan las células reproductoras masculinas (gámetas masculinos). Esperma vegetal dispuesto a fecundar, aterrizar en el estigma de la flor, activarse y llegar a lo más recóndito del ovario para crear las semillas.



Pollen (Latine pollen: poudre fine, fleur de farine) La photographie a été augmenté de 160 à 200 fois, avec un microscope à l’école. Fossilisent, dure, est eternal dans son minuscules et merveilleux formes, grace à sa coque externe, durable. Ensuite, parlent d’extinction ou qui ont prospéré dans une zone, dans lequel n’existent pas.



Ensemble de grains microscopiques produits par les étarmines des plantes á fleurs, qui représentent les celules reproductrices masculines. Spermatozoïdes à féconder des plantes prêtes, l’atterrissage sur le stigmate de la fleur, d’activer et atteindre les profondeurs de l’ovaire à créer des graines.

martes, 8 de marzo de 2011

‘Viaje al silencio’, de Sara Maitland

Este es un libro que explora el silencio, ¿dónde está? Para Sara Maitland está en la soledad y en lugares apartados. En los viejos territorios de eremitas y anacoretas. Retiro y austeridad, la fórmula para que brote el silencio. Y, ¿para qué sirve? Para conectar con todo lo que nos rodea, con todos los elementos de la naturaleza, su paisaje, el frío, el viento o la lluvia. Para escuchar el universo. Una especie de misticismo, de conexión con el misterio de la existencia, así entiendo este libro: ‘Viaje al silencio’.


“El paisaje y yo éramos una sola cosa; me sentí conectada, como si me hubiesen arrancado la piel; más aún, como si las moléculas y los átomos que me componen se hubiesen fundido con las moléculas y los átomos de los que se compone el resto del mundo. Estaba absolutamente conectada con todo” (Maitland).

He leído este libro animado por la reseña que Antonio Muñoz Molina hizo en El País, en su artículo semanal del suplemento Babelia: “Gracias a Sara Maitland soy más consciente de la calidad del silencio que me hace falta para trabajar con placer y provecho”.

jueves, 17 de febrero de 2011

Por el Puerto del Viento y más arriba

El Puerto del Viento, que apelativo tan bello, Puerto del Viento, a 1.190 metros de altitud. Los últimos 40 kilómetros, en coche, discurrieron por los municipios de Ardales y El Burgo, por carreteras provinciales, a veces en no muy buen estado. Contemplando retazos de pinares, encinas y quejigos o almendros en flor, como pequeños rincones de un jardín japonés. Pasé por el mirador del Guarda Forestal y después el puerto de montaña.


Nunca había caminado por esta zona, y el mapa no señalaba ningún sendero. Solo un pequeño recorrido que de la misma carretera te acerca a un covachón donde, al parecer, se refugiaba el bandolero Pasos Largos (en El Burgo está su busto). Así que comencé por un camino de cabras a trepar por una de las laderas de la Sierra Blanquilla. Primero entre los magníficos lirios (Iris planifolia), verdadero símbolo de las sierras béticas, como pequeños estandartes anuncian que los días se alargan, después del solsticio de invierno. Entre los canchales, como gotas de oro, la pequeña violeta amarilla (Viola demetria) es también una buena, aunque rara, representante de estas sierras, en este caso de distribución más restringida que la anterior, ya que es exclusiva de la zona bética-magrebí. Tampoco es abundante el azafrán blanco (Crocus nevadensis) otro buen representante invernal que he encontrado entre las aulagas y coscojas de Sierra Blanquilla, cuyas flores se prolongarán hasta abril. Destaca el dibujo de las venas violetas sobre los pétalos blanquecinos, venas que se unen en el tallo. Y otras florecillas que anuncian la inminencia de la primavera son los alfileritos (Erodium primulaceum), de pétalos rosados, dos de ellos maculados.

Arriba, el paisaje kárstico ha transformado las calizas en gradas cuarteadas o ha agujereado la piedra, convirtiéndola en lonchas de groullere. He caminado con dificultad, con el cuidado de no meter la bota en una de las grietas, hasta llegar a la cima; y entonces me he enamorado de la sierra de las Nieves, colocada apaciblemente frente a mí, coronada de nieve. Desde mi posición se ven, con ayuda de los prismáticos, perfectamente los pinsapos (Abies pinsapo) y todos los vallecillos y recovecos, a los que me traslado románticamente, atraído por su aspecto recóndito y salvaje.

martes, 8 de febrero de 2011

Oscuros merodeadores


Si no son los cuervos (Corvus corax), son las grajillas (Corvus monedula); para mí, poderosos merodeadores de los campos. A veces, relajado, en la parcela familiar, mientras leo o hago cosas sencillas como recoger piedras o cavar, escucho el graznido de los cuervos. Hay una pareja, que habitualmente sobrevuela mi cabeza, sobrevuela la tosca mesa de traviesas de tren y los arbolitos ahora desnudos que hemos plantado en los últimos años. Lo más seguro es que yo sea el infiltrado en su territorio, que debe ser inmenso y perfectamente memorizado por esta pareja de cuervos. A uno de ellos le falta una pluma, primaria, perfectamente distinguible, y que no le afecta en su vuelo. El ronco carraspeo, seco, resuena sobre los olivos. Es relajante, sabes que la fiel pareja vuela cerca y su charla acompaña.


También en La Camila, es frecuentada por otros córvidos, las grajillas, más gregarias, grajean con la alegría de una pandilla de jovenzuelos. Las grajillas, también encantadoras, me observan desde los postes del tendido eléctrico o telefónico. Avispadas y curiosas, su relativa confianza me permite fotografiarlas, y amplio la imagen hasta distinguir el azul claro de sus ojos.

S`ils ne sont pas des corbeaux (Corvus corax) ils sont les choucas (Corvus monedula), por moi, maraudeurs puissants des champ. Parfois, détendu, dans la parcelle familial, pendant que je lis ou je fais de choses simples comme ramasser des rochers ou de labourer, j´entends les croassement des corbeaux. Il y a un couple, qui survole régulièrement sur ma tête, survole la table rude, des traversas, et les petites arbres. Le chose la plus sûre, c´est que je suis le infiltré leur territoire doit éter énorme et parfaitement mémorisé par le couple de corbeaux. L´un d´eux le manque une plume primarie, parfaitement visible, et qui n´affecte pas son vole. D´une voix rauque. Resoné des oliviers. C´est relaxant, tu sais que le fidèle partenaire d´oiseaux c´est près d´ici et son bavardage accompagne.
Egalement dans La Camila, est frecuenté par les corvidés, le choucas, plus grégaries elles croassent avec la joie d´une bande de jeunes. Les choucas, trop belles, elles me regardent de la ligne electrique. Artful, curieux, leer confiance par rapport me permet de les photographier, et l´échelle de l´image de distinguer le blue clair de ses yeux.

lunes, 24 de enero de 2011

Paseando por La Camila, campiña alta de Lucena



Une balade à vélo a tarvers la Camila, à una vitesse entre 12 et 22 km/h. En total 40 kilòmetres de la maison. Une agèable promenade à une vitesse qui favorise l´observation. Entre le groupe de maisons de la Camila et le village de Jauja il y a une terre d´argiles et de plâtres, dominee certains tetres, où il n´y a pas des lóliviers, et est abritent la flore et la faune. C´est de la haute campagne, oú vous trouverez vuelques autres lagunas permanents et temporaires, qui à cette èpoque ont une bonne lame de l´eau.

C´est janvier 22, et a été vent froid. Dans les lieux incultes, j´ai trouvé lirios (Iris planifolia), dèlicatement parfumées. Il y a aussi des jonquilles (Narcissus baeticus), apliques aux roches. Et dessous les acebuches (oliviers souvages) et lentiscos ont photographié la petite candilito (Arisarum simorrhinum). Les flerus de l´amandier (Prunas dulces) éclaboussent le paisaje et vuelques oliviers trouvé muérdago (Viscum cruciatum).


martes, 18 de enero de 2011

La Maroma para abrir el nuevo año

Subir con los amigos a la Maroma (2.065) ha sido una buena forma de comenzar el año. Es conveniente no dejar que pasen muchos días sin disfrutar de la grandiosidad de la montaña. Y que mejor que iniciar el año con una visita a alguna cumbre, a modo de ritual montañero, de apego a la tierra, de anuncio que seguimos andando por senderos y veredas.


Ya lo habíamos hecho algún que otro comienzo de año, lo de subir a La Maroma, unas veces con nieve, con hielo en la parte alta de los tejos en otra ocasión, y esta vez con mucho viento. Para subir a la cumbre del macizo de Tejeda y Almijara, elegimos el acceso por el Robledal Alto, en la carretera que va a Alhama de Granada, justo en la curva donde está el restaurante La Alcaicería, donde nos esperaba el desayuno.

Una vez dejamos los coches, el camino discurre primero entre un bosque de pino resinero (Pinus pinaster), melojos (Quercus pyrenaica) y quejigos (Quercus faginea). Un inicio suave, que ayuda a calentar las piernas, oxigenarse y pensar solo en nuestros pasos, ir introduciéndonos en el paisaje. La conversación se centra en la subida, los árboles y la naturaleza. Descansa la mente, se cansan las piernas. A la derecha queda el barranco de Los Presillejos, y vamos cresteando ya por zona más despoblada, hasta alcanzar los paredones del Puerto de las Loberas, aquí crecen algunos tejos (Taxus baccata), ejemplares que son una pequeña muestra de lo que debió ser una población mejor representada. En las paredes verticales y rezumantes busco grasillas (género Pinguicola), que no encuentro, sí hallo unas piquetas metálicas, posiblemente indicando zonas donde crecen estas plantas carnívoras. Da mala sensación tantas estaquitas y algunas mallas metálicas, como protegiendo algunas oquedades, pero ahora tumbadas, doblas y estorbando a las plantas que por allí crecen. En esta umbría hace algo de frío. Avanzamos y atravesamos el Puerto Loberas, que da acceso a la cima. El paisaje cambia, muchos más rocoso, en realidad un lapiaz inmenso, con grandes grietas donde a duras penas se desarrollan algunos tejos, también hay algunos pinos silvestres (Pinus sylvestris) y sobre todo piornos y salvias (Salvia lavandulifolia), hasta llegar al gigantesco vértice de la Maroma. Tres horas y media de subida plasmadas en unas pocas líneas, pero también están los enebros (Juniperus oxycedrus), los eléboros en flor (Eleborus phoetidus), los laureolos (Daphne laureola) y los agracejos (Berberis vulgaris). También están los pensamientos idealistas, las risas, el aroma de la alhucema (Lavandula lanata) y las rocas.

La bajada se hace igual de interesante que la subida. Disfrutando de los tonos que da el atardecer, que también ilumina Sierra Nevada, con ese tono cálido de las partes nevadas. Poco a poco se va cubriendo; y ya de vuelta a casa, la lluvia cae con fuerza. Perfecto para irse a la cama pronto, relajar músculos y soñar con estos parajes.