lunes, 29 de abril de 2013

Monterapia, de Juanjo Garbizu



¿Será caminar un sencillo mecanismo para la felicidad? El ejercicio más ancestral y primario, ¿ha preparado a nuestro organismo para sentirse bien? El cansancio, incluso el agotamiento tienen la recompensa de la plenitud orgánica, y aquí incluyo también la espiritual, porque en realidad somos seres caminantes. Marchar por la montaña, desplazarnos para contemplar la grandeza del paisaje, debe ser una práctica recomendable.
 El libro ‘Monterapia, cuesta arriba se piensa mejor’, de Juanjo Garbizu, reflexiona sobre los beneficios del montañismo y senderismo, por modesto que sea. Frente a la historia mercantilista, materialmente abrumadora que nos ha tocado vivir y que nos desequilibra a tantos; Garbizu nos propone la terapia de la montaña. Porque “es obvio que cuanto más alto subes, todo lo que vas dejando abajo en el valle va adquiriendo otra perspectiva, llegando a relativizarse de forma importante”.
Juanjo nos pregunta a los lectores cuándo caminamos durante horas bajo la lluvia, cuándo vimos amanecer, o atardecer desde un entorno natural. Si abandonamos la ambición de la cima, como si fuera un triunfo más, la convertiremos en un regalo. Y esa cima a la que llegamos por placer, debe completarse con la bajada, porque toda forma parte de la montaña y de su existencia. “La montaña solo nos pertenece después de que hemos regresado al valle. Antes, somos nosotros los que pertenecemos a la montaña”. De forma amena, incluso multimedia, porque hay enlaces a imágenes que podemos ver en Internet, Monterapia se presenta como un ensayo sobre la montaña, como el lujo para el cuerpo que son las montañas, por pequeñas que sean.

martes, 23 de abril de 2013

Subida en blanco





Nada más comenzar a caminar pienso que es tan bello un arruinado observatorio astronómico como las ruinas de un castillo. Ambos en promontorios solitarios, el primero buscando las mayores alturas, un cielo más puro. Ahí inicio la caminata en la Hoya de la Mora, enterrada aun en nieve, después de las abundantes nevadas de este año. A mi izquierda la soledad de la sierra se abre cegadora en este radiante día. Y a mi derecha el bullicio de la estación de esquí y sus practicantes.
Caminar a un metro de la hierba en pleno abril. Porque la hierba está dormida, bajo un manto de nieve. Subir al Veleta con crampones asegurándote un paso firme, afrontar el desnivel y la belleza de un cielo envidiablemente azul, como una recompensa. Abajo todavía no han llegado los niños a jugar con sus trineos. Me encuentro a un estudiante búlgaro que quiere compañía durante la caminata, aunque al poco voy solo, disfrutando solo de este día esperado. Es la nieve la que domina absolutamente estas alturas de Sierra Nevada, acumulada por metros de espesor.
Dormido aún está el barranco de San Juan, su río y sus borreguiles, y sube uno hasta las aristas del corral del Veleta, donde suspiran los últimos hielos, en su relicto glaciar rocoso, ahora todo sumergido en el paisaje más blanco. Y luego la rampa final, esa que me recuerda a la aleta de un tiburón de las nieves. En la cima ya hay montañeros y esquiadores, que se tratan con la camaradería que dan las alturas. Estamos a 3.396 metros, comparto unas galletas con algunos de ellos, como Gilles Tana, con gorro de orejeras y tabla de snow. Mi amigo búlgaro se suma un poco después, cuento hoy veinte observadores de lo blanco y un acentor alpino.


‘Los tresmiles de Sierra Nevada’, de Juan Luis Ortega y José Manuel Peula

Me había prometido dos regalos. Visitar la sierra y atesorar un nuevo libro de montaña, como ‘Los tresmiles de Sierra Nevada’, de Juan Luis Ortega y José Manuel Peula de Ediciones Universidad de Granada. Más de 500 páginas de fotografías, algunas a doble página, mapas, tablas de desnivel y unas sucintas descripciones con excursiones de un día, incluyendo la subida a los 29 tresmiles de la sierra y otros parajes señalados. Los picos, las lagunas, los arroyos, los carámbanos, los refugios no guardados, el ganado, los bosques y las nubes están retratados. Por ejemplo, la ruta del Veleta incluye también la subida al próximo Cerro de los Machos, en una excursión de siete horas y media. La edición incluye el libro de gran formato, más una guía de bolsillo con todos los itinerarios. Una proeza en estos tiempos. Imprescindible para planear tus propias rutas o simplemente para hojear en casa una y otra vez.




martes, 2 de abril de 2013

Por el Bailón, entre la hierba y el sol

Un día de felicidad en familia, entre la hierba y el sol. Una buena caminata escuchando constantemente el río Bailón. Rugen sus aguas cerca de Zuheros, en la garganta donde las chovas vuelan seguras ante el abismo del cañón, de enormes paredes calizas. El camino que se adentra en la sierra y que cruza el río varias veces, hoy es imposible seguir por la crecida de las aguas.
 Difícil vadearlo sin mojarse hasta los muslos, así que con los niños, seguimos por una de sus orillas aguas arriba, sorteando algunos riscos y empinadas laderas, que nos llevan hasta la cueva del Fraile y más allá, sin la cómoda senda de abajo, solo enlazando veredas de cabras.


Llegamos a un pradito donde descansar, comer, leer y fotografiar las mariposas que celebran las primeras flores de la primavera. Entre las margaritas y los dientes de león liban. Vemos una olmera (Nymphalis polychloros), una resistente del lluvioso invierno, con las alas ajadas, pero disfrutando de sus planeos entre los majuelos. En el hueco de una roca, un ramillete de Aristoloquia paucinervis, como una maceta bien cuidada. Y al final, el primer helado. Perfecto.