lunes, 24 de septiembre de 2012

‘Tan cerca del aire’, de Martín Garzo


Posiblemente las garzas sepan lo que nosotros no. Visitan las lagunas y los ríos, comen peces y batracios, y meditan. Los peces y batracios están cargados de una historia antigua, eras geológicas los acompañan, y esa historia secular impregna la mucosa y las escamas de su piel. Cuando una garza engulle de una pieza estos animales, deja “un sabroso sabor a algas” y a historia de la Tierra.
Las garzas, son conocedoras de las umbrías, del rumor de las corrientes cristalinas, “que recuerdan el sonido de conversaciones humanas”, de la magia de los musgos, de los helechos y las algas. Las garzas merodean en el ámbito de las leyendas y de los cuentos. Y esto lo sabe Gustavo Martín ‘Garza’, que en su maravillosa ‘Tan cerca del aire’, habla de una irrealidad que existe, y solo tenemos que visitar unas cuantas veces un bosque empañado por la niebla, o tumbarnos, como cuenta Paula, en el prado donde “escuchábamos la voz de la montaña. Surgía de la más profunda oscuridad, de un tiempo anterior a los hombres, y nos quedábamos inmóviles hasta sentir que formábamos parte de ella”.
Una historia de amor con la naturaleza, un hijo con una garza, nos cuenta Martín Garzo. Una mágica capa de plumas, que nos conecta con el mundo, y que en el pecho de Jonás, vibraba “con un rumor de tempestad” y le permitía “volar por encima de todas las penas”. Un bello cuento para lectores que “no creen que la vida pueda ser comprendida”.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La laguna del Duque, en la sierra de Béjar


 En el cuaternario, desde hace 1,6 millones de años, el planeta ha vivido hasta cuatro periodos fríos donde los glaciares han ocupado grandes extensiones de la Tierra. Fríos que perduraron hasta hace 10.000 años en los lugares más favorables. El cuaternario llega hasta nuestros días, pero no sus espléndidos glaciares, que incluso en los casquetes polares, ahora están en retroceso alarmante.
En la sierra de Béjar, en orientación norte, existe un claro ejemplo de la acción de los hielos del cuaternario. Este agosto ha servido para pasear por su lecho con toda la familia, en una excursión veraniega donde los servales muestran su belleza, con sus racimos de frutos rojizos y los melojos nos protegieron del sol en algunos trechos del camino. Existen dos centrales eléctricas antiguas, de mediados del siglo pasado, con feas conducciones de agua desde las alturas de las lagunas del Trampal y del Duque hasta las turbinas. Hasta la central del Zaburdón, a 1.250 metros de altura, llegaron las lenguas glaciares de los dos valles que acogen a estas lagunas. El hielo erosionó el granito de estas montañas, creando varias cubetas en las que hoy existen unas ocho lagunas. La más grande, por estar además represada, es la del Duque.
 Partimos de la central más alta, la de la central del Chorro, a 1.360 m. de altitud, en busca de esta laguna y su imponente paisaje, en una excursión fácil, de 340 metros de desnivel, ideal para niños, incluidos los de casi cuatro años, que suben sin problemas, refrescados por los arroyuelos que atraviesan el sendero y animados por las mariposas que llaman su atención. Tras una hora de revueltas entre zona pedregosas y de pastos se llega a la laguna (1.620 m.), que se muestra solo en los últimos metros. El hielo creó este paraje ocupado hoy por la laguna, el hielo erosionó estos picos y gargantas, donde este agosto subimos en familia.