martes, 7 de diciembre de 2010

Un cíclope sobre mi cabeza

Estaba oscureciendo, absorto cavando en la tierra durante mucho rato. En un pequeño terreno, en el que estaba enterrando una tubería de agua. No me había dado cuenta del caos que se había formado encima mía. Cuando miré al cielo fue como mirar un cíclope. Se habían formado unas nubes amenazantes. Un tumulto de formas propiciado por complejos fenómenos atmosféricos. Cúmulos cerrados pasaban sobre mi cabeza anunciando el poder de las grandes masas de vapor, capaces de descargar litros y litros de lluvia, o mostrar las tensiones del cielo con los relámpagos y los truenos. Por un momento creí volar sobre un océano embravecido.


Pequeñas cortinas de agua atravesaban el horizonte. Me comenzaron a mojar también a mí, que ya estaba haciendo algunas fotografías, sentado en los bancos que tengo a la intemperie. He vivido otros momentos electrizantes, este era un momento de espera, de presagio. Como si un ejército se estuviera posicionando en el campo de batalla, en silencio, con disciplina, cubriéndolo todo de un gris cada vez más oscuro. Formaciones y formaciones de cúmulos habían convertido el atardecer del domingo 5 de diciembre en un espectáculo grandioso.

Ya en casa, durante toda la noche escuché el azote de la lluvia y el viento en el tejado y en las ventanas. Y ya cuando amanecía, lejanos y larguísimos truenos, con ese sonido sordo que el estallido del rayo provoca en los vastos campos atmosféricos, densos, espesos.

martes, 30 de noviembre de 2010

Montañas de una vida, de Walter Bonatti

Creo que ‘Montañas de una vida’ es uno de los libros de género más reflexivos que he leído. Y solo hay que comenzar por el primer capítulo titulado Preliminares, donde ya deja claro que ha sido con “la práctica del alpinismo solitario, cuando he podido entrar en sintonía con la Gran Naturaleza”, frente a la “indolencia” de algunos que solo ven en el alpinismo “un medio para huir de la realidad de nuestros días”.


Es una especie de intensidad espiritual, de mística, la que alcanza Walter Bonatti “allí arriba, en contacto con la naturaleza íntegra, en aquel ambiente puro”, donde se sentía “vivo y libre”. Incluye relatos de sus ascensiones exitosas y fracasadas, la polémica en el K2, donde critica la falta de ayuda que a él y su compañero hunza Mahdi a punto está de costarles la vida, cerca de los 8.000 metros de altura.

Intuyo en Walter Bonatti un carácter fuerte, con unas ideas tajantes, con las que también se puede discrepar. Pero creo que por encima están sus retos y vivencias, su filosofía, incluso su calidad literaria, como en el capítulo ‘Un retorno. Magia del Mont Blanc’, que me parece magnífico. En definitiva 248 páginas maravillosas, donde palpita el alpinismo, las tormentas, la supervivencia, porque “el hombre está hecho de arrojo y de precariedad”.



Si quieres profundizar en esta obra he encontrado esta referencia:

http://lecturasinquietantes.blogspot.com/2009/01/walter-bonatti-montaas-de-una-vida.html

martes, 23 de noviembre de 2010

Magnífico día de otoño

Qué otra cosa mejor se puede hacer, en un desapacible día de noviembre, que pasear por la Sierra de Rute. Y respirar sus nieblas, sentir su frío y escuchar el ulular del viento atravesando las acículas de sus pinos. Y notar cómo dentro de uno se impone la naturaleza, que más allá de áspera y desabrida, aviva el ánimo y los sentidos.


La atención se centra, ahora en un paso, luego en otro, mirando donde se ponen las botas, esquivando esta y aquella piedra. Y ahora cómo se presentan la subida o se fija en los pinos caídos, no hay ninguno nuevo, en los cepellones de raíces, de altos como uno, arrancados del suelo al volcar el tronco, y entre las raíces, bien sujetas grandes piedras, que en estos cincuenta años los pinos han agarrado, asiéndolas y alargando los principales raigones en horizontal, quizás por culpa del terreno pedregoso, o porque el sino de estos árboles es acabar tumbados por el viento un día de estos. Y es que el pino carrasco (Pinus halepensis) es propenso a este tipo de finales, y en la sierra ruteña hay innumerables ejemplos, y se pueden ver más después de cada tormenta.

Este 21 de noviembre va uno en busca de setas, de verlas más que de comerlas, de contemplar sus bellas formas. Pero estos suelos quizás sean demasiado esqueléticos para sus micelios, esas raicillas blancas que en temporada fructifican de las más variadas formas. Me encuentro con una mancha de Hygrophorus latitabundus, una docena de ejemplares, algunos con el sombrerillo totalmente desplegado, de unos quince centímetros de diámetro. Blancas las láminas y el pie que se desprende fácilmente, estrechándose al final. La cutícula es pardusca, y en este día húmedo, especialmente gelatinosa. A pesar de esta mucosidad, la guía de hongos de Marcel Bon califica esta especie como buen comestible, aunque retirando previamente la cutícula.

Y para redondear el paseo, el placer de sentarse en una piedra y ponerse a observar. Ante mí un gran peñón, una losa gruesa, de mi longitud. Bajo ella, en su parte izquierda hay un hueco en el que medra Rubia peregrina, que crece hacia fuera de forma vigorosa. También en la oscuridad del hueco veo a la enredadera (Hedera helix) que repta por una roca que soporta el peso de la losa, que también tiene adheridas unas ramitas a las que se sujetan unas hojuelas aflechadas, decididas en lo más profundo de su genética a seguir cubriendo la gran piedra, que también ha cedido la superficie de la cara que se situa ante mí a unas grandes manchas de líquenes lechosos y en una esquina al musgo. Nada se ha movido. Ni la losa, ni los millones de peñascos que forman este canchal. Un cono de derrubios por el que se la sierra de Rute se va gastando. Fotografío una parte del mismo, con sus grises apagados y húmedos, en este día de nieblas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Perdido por las laderas de Sierra Nevada


De nuevo me ha fascinado volver a Sierra Nevada. Ahora que ya echo de menos mis queridos Pirineos, están ante mí estos relieves granadinos que también colman mi pasión por las montañas. En esta ocasión el recorrido elegido iba por una zona que no conocía, la del sendero que se dirige al cortijo del Hornillo.
Al Hornillo no llegué, porque no encontré su sendero hasta el atardecer, por culpa de su mala señalización. Pero esto se convirtió en mi caso en una agradable caminata campo a través, que terminó dando con el sendero a unos 1.500 metros de altitud. Gracias a las voces de los senderistas localicé la ruta, que seguí durante un rato, hasta que ante mí apareció claramente el sentido del mismo por la ladera que se dirige hasta el paraje del Hornillo. Hasta el que quedaba, me digeron, algo más de una hora.
Bueno, no completé el recorrido, pero disfruté de la luz del otoño, clara al atardecer mientras fotografiaba a los dos montañeros que habían elegido esas horas para ver iluminados por el sol de poniente los picos de la Alcazaba y del Mulhacén, a sabiendas de que la vuelta la harían ya sin luz.
Durante un buen rato, mientras comía y leía tranquilamente en un apacible pradito, antes de localizar el camino correcto, disfruté del barranco de San Juan. De los colores que poco a poco va imprimiendo el otoño a estos bosques de robles melojos, castaños y algunos arces. De las primeras nieves en las alturas, en los crestones de San Francisco a 2.500 m. Es el poder de estos paisajes, unidos al silencio y a la belleza salvaje, que apaciguan el espíritu.

Y a la vuelta, el pequeño regalo de una flor en pleno otoño, la margaza (Tanacetum parthenium) naturalizada en el borde del camino, con su aroma a manzanilla. Volví a casa con otros regalos, una piedra de serpentina y, aunque fuera comprado, un libro: Sierras andaluzas, de la editorial La Serranía. Y es que las montañas despiertan a más de uno la inspiración literaria y Sierra Nevada acumula una admirable bibliografía.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Galatella sedifolia en la Sierra de Rute, primera cita para la Subbética y para Andalucía occidental


Un paseo por la Sierra de Rute siempre es interesante para el amante de la flora silvestre. Incluso en otoño, cuando las flores escasean. Y más en este paseo donde encuentro varios ejemplares de Galatella sedifolia. Especie que se convierte en primera cita para la comarca y la Andalucía occidental, según me confirma el botánico Enrique Triano.

Este pasado 1 de noviembre por el sendero GR-7, que discurre por la cara norte de esta sierra, justo al borde del pinar (Pinus halepensis), di una andada hasta pasado el mirador de La Palomina. Los pinos carrascos, emborronados por la niebla daban el toque otoñal al paseo. De sus agujas se desprendían gotitas de lluvia, bien de los chaparrones de la noche anterior, bien de la humedad fácilmente atrapada a la persistente niebla. Con ese ambiente todo recobra un especial verdor, el del otoño.
No ha llovido mucho desde la pasada primavera. En verano alguna tormenta, y un par de días en octubre. Por lo que no encontré demasiadas setas. Sí brotaban del suelo, bajo las acículas, las primeras setas Suillus granulatus.
Con su pie pecoso de manchitas rojizas. Es una seta típica de los pinares. Es tiempo también de semillas como las que expone la rosa albardera (Peaonia broteri). Y ya a la vuelta me aguardaba la sorpresa botánica, discreta, creciendo entre aulagas, pero de, aunque escasas, llamativas lígulas malva de las flores exteriores y las flores interiores entre naranjas y violetas. Es la Galatella sedifolia, y es, como he comentado antes, la primera cita para la Subbética y Andalucía occidental.

jueves, 28 de octubre de 2010

Flores de otoño, el cólquico y el azafrán silvestre


El otoño en el sur cordobés es una época marcada más por las suaves temperaturas y la disminución de horas de luz, que por la aparición de la lluvia. Es cuando estas tierras dan sus flores autumnales. Y empleo este bello adjetivo para hablar de la primera de las flores, el cólquico, que del centro de la península a centro Europa es el Colchicum autumnale, y aquí, más al sur la especie es distinta es Colchicum lusitanum. En esta primera quincena de octubre la he encontrado desde el Puerto del Cerezo, en plena sierra de Horconera, a la campiña alta del cerro del Acebuchoso. En este último enclave, su floración era espectacular, con cientos o miles de
ejemplares tapizando el suelo entre los grandes acebuches. Ahora están solo las flores, rosadas con un característico reticulado más oscuro, más adelante saldrán las hojas, desde un bulbo enterrado a unos 20 centímetros de profundidad. Las flores presentan seis estambres y tres estilos largos y libres con final algo arqueado. Son estos caracteres sexuales los que diferencian esta flor de otra típica de otoño, como es el azafrán silvestre.


En el Puerto del Cerezo o en La Nava, de Cabra, ya la he encontrado. Es una flor muy parecida a la anterior, de color lila virando a amarillentas en la garganta. Poseen tres estambres y un estilo anaranjado que termina en tres ramitas. Mientras que el azafrán silvestre puede ser utilizado como condimento, el cólquico es una planta tóxica, y todas sus partes poseen la colchicina, sustancia muy venenosa.

jueves, 14 de octubre de 2010

Un par de animales propios de montaña (Crónicas del Pirineo)


En el caso de la marmota (Marmota marmota), es más fácil escuchar sus agudos ladridos de alerta que contemplarla de cerca. Subiendo por las laderas herbosas del Pirineo central a veces, y a lo lejos, se pueden ver en sus cortas carreras hasta una de las bocas de las madrigueras. Una vez que se sitúan junto a su refugio, vuelven a curiosear y a continuación desaparecen en su interior si desconfían del senderista, que incluyen como posible cazador a sus otros depredadores, las águilas y los zorros. La marmota fotografiada sin embargo aguantó mi presencia, el pasado 8 de agosto, a primera hora de la mañana, mientras subía al Puerto de la Forqueta, en plena raya entre España y Francia, encima del túnel de Bielsa.
En cuanto al acentor alpino (Prunella collaris), es un robusto pajarillo que no se espanta ante los montañeros. Van a lo suyo, buscando incansable alimento en la escasez de las alturas, algún insecto aterido o correosa y minúscula semilla, y quizás esperando el manjar de unas migajas de un bocadillo o unas galletas del montañero. El ejemplar fotografiado, tuve el gusto de contemplarlo a placer en el Balcón de Pineta, a 2.500 metros de altura, en un panorama magnífico de alta montaña, fue el 13 de agosto.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Día de las aves con SEO Subbética


Este domingo 3 de octubre, SEO Subbética organizó una actividad divulgativa con motivo del Día Mundial de las Aves. Sus miembros, ornitólogos de Lucena, Rute y otras localidades, montaron en la antigua estación de tren, ahora vía verde, unas mesas con documentación, varios telescopios, hydes y una red para la captura de pájaros para su anillamiento.
Con Miguel nos acercamos, dando un paseo en bici, a este encuentro de ornitólogos. Nos regalaron un pequeño librito sobre biodiversidad y unas pegatinas de aves preciosas. Me encontré con mi amigo Antonio Gómez, veterano ornitólogo, quien me confirmó que un par de cráneos que me encontré en el cerro Acebuchoso, pertenecen a búho real. Antonio, y su hermano Cristóbal, habían puesto una mesa para la venta de guías de pájaros, las famosas de la editorial Omega y también habían traído algunos telescopios y prismáticos para su venta. A ellos les compré hace tiempo, de segunda mano, unos binoculares Pentax y un pequeño telescopio Kowa, tienen buenos precios y buen material. Una buena mañana de domingo con esta gente de SEO Subbética.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La Nueva Flora del Subbético Cordobés, de Enrique Triano



Más de medio centenar de científicos y naturalistas arroparon al botánico Enrique Triano en la presentación de la publicación ‘Nueva flora del subbético cordobés’. Se trata de una edición digital en la que se incluyen las 1.880 plantas que crecen en esta comarca montañosa del sur de Córdoba. Al tratarse de un DVD se incluyen más de 14.000 fotografías y numerosas ilustraciones de cada una de las especies vegetales citadas, algo único en su género, lo que la convierte en una obra monumental de referencia botánica. Algunas especies están ilustradas hasta con una veintena de extraordinarias fotografías, realizadas por el rpopio Triano, en las que se ilustran no solo la planta en flor, sino también los frutos, semillas, hojas, raices o bulbos.

Un apartado importante de esta obra, fruto de 22 años de trabajo de este botánico, son los datos etnobotánicos, o sea los usos alimenticios, veterinarios, medicinales o tradicionales de las plantas descritas. Unos usos y una cultura “que se encuentra en la memoria de la gente mayor y que está desapareciendo”, alertó Enrique Triano. Así, explicó como la raíz del ‘gamón’ se utiliza para curar los eczemas o la ‘raíz colorá’ se usaba por las mujeres como colorete. Es tal el compendio de información e ilustraciones que se incluye en este DVD que hubiera sido imposible editarlo en formato libro, ya que hubiera ocupado muchos volúmenes.
Triano destacó la riqueza florística de esta comarca, superior a la flora nacional de Reino Unido. La Subbética cuenta con cuatro endemismos, plantas que solo crecen en este territorio, como la Hypochaeris rutea, Centaurea pauneroi, Festuca cordubensis, o la Armeria trianoi, planta dedicada a este botánico. En la presentación de esta obra, participó el profesor Antonio Pujadas y se realizó en el salón de actos del centro de visitantes de Santa Rita, y estuvo precedida por una ruta botánica.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Crónicas del Pirineo. El Aster alpinus


Es el gozo de caminar por un imponente paisaje, el del valle de Pineta. Paredes altísimas y verticales, de más de un kilómetro entre el fondo, donde brilla el río Cinca y las cumbres, las de las Tres Sorores y las Tres Marías. Uno tan diminuto, la subida tan esforzada desde el primer momento y todo tan inmenso. Enseguida el Valle de Pineta lo embarga todo, los antiguos hielos de los glaciares limaron estas montañas calizas, dejando una huella única y característica en forma de U. Abajo el Cinca que acaba de nacer después de descender en largas cascadas, los bosques de pino royo y hayas y arriba las claras rocas y los glaciares aún existentes, aunque en su mínima expresión, colgados de la cara norte de Monte Perdido.

Pero un paisaje son tantas cosas. Desde lo más grande a lo más pequeño, puede despertar esas emociones que ando buscando en la montaña. Y en esta parte del Pirineo todo me unifica con la naturaleza. Así que cuando llevo más de una hora subiendo por la senda zigzagueante que lleva al Balcón de Pineta, me encuentro con los primeros ejemplares de ásteres (Aster alpinus) de un color que no te esperas. Esos tonos malvas de las largas lígulas y el anaranjado del capítulo, en el que se reúnen las verdaderas flores, la hace inconfundible. Es un áster, una estrella. Aunque en estas montañas existen dos especies muy parecidas. El más fácil de encontrar, el Aster alpinus, crece en grupos localizados, como la población del Balcón de Pineta, repartida por los pastos pedregosos y empinados del piso subalpino. El Aster pyrenaeus, puede alcanzar los 80 centímetros, el doble que A. alpinus, además, con varias flores en el tallo. Encuentro y fotografío la especie alpinus, que se reparte por las montañas europeas y del centro de Asia. Mientras, el Aster pyrenaeus es muy escaso, sólo crece en el Pirineo francés y en las Montañas cantábricas donde se conoce desde 1979.
Lo inmenso y lo pequeño, tan relativo. Solo el detalle llena de plenitud el camino, su observación atenta nos introduce en estos maravillosos paisajes.

martes, 14 de septiembre de 2010

Presentación de la Flora ilustrada de la Subbética de Enrique Triano con más de 14.000 fotos


Estuve en la presentación, hace 12 años, del libro Flora del Subbético Cordobés, en el ayuntamiento de Rute. Desde entonces este volumen ha sido imprescidible para conocer, determinar y amar la botánica de nuestra comarca. Una obra del botánico Enrique Triano. Ahora llega la versión digital(en DVD) de esta obra y con miles de fotografías: 14.200 imágenes. Además de mucha más información. En definitiva, y como se dice en estos casos, una obra magna. Espero estar en este evento naturalístico de primer orden.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Las huellas de la vida, de Tracy Chevalier

Las huellas de la vida, de Tracy Chevalier. Es una novelada, sobre todo en cuestiones sentimentales, vida de Mary Anning, una famosa buscadora de fósiles. Con toda seguridad es famosa gracias a su amiga, y también protagonista del libro, Elizabeth Philpot. Anning sobrevive con su familia y pronto queda huérfana de padre, deben vender los muebles para comprar carbón para el duro invierno en Lyme. Es una existencia dura, por pertenecer a la clase obrera en la Inglaterra del XIX. Y machista, donde las mujeres no podían acceder a los círculos científicos.
Su amiga Elizabeth Philpot la apoyará, ella pertenece a un estrato social superior y luchará por el reconocimiento de Mary Anning, cuyos fósiles se exponen en el Museo Británico de Historia Natural. Su pasión la hace entender. Encorvada sobre las playas de Lyme Regis (Dorset) busca ‘curis’ como ella lama a los fósiles, sobre todo amonites, que vende en su casa a los turistas y las mejores piezas a los coleccionistas. Las mejores piezas son grandes dinosaurios marinos petrificados, que ella limpia con esmero y profesionalidad, como los ictiosaurios, impulsando la geología y la paleontología. Apenas si saldrá de su Lyme natal, en cuyas playas está escrito el libro de la Tierra.
Un libro entretenido, pero me fastidia que las editoriales no sean fieles a los títulos originales. No sé inglés, pero me parece que poco tiene que ver ‘Remarkable creatures’ con el título que le han dado en español ‘Las huellas de la vida’. Quizás criaturas asombrosas, o algo así. Sí, es preciosa la imagen a doble página del interior de las pastas, un dibujo de un ictiosaurio y unas notas con la caligrafía de la propia Anning.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Crónicas del Pirineo




Como todos los agostos, y ya van 13 años, las vacaciones o parte de ellas, las paso en los Pirineos. Temperaturas más soportables, y alguna que otra lluvia o tormenta, refrescan el ambiente y te permiten hacer senderismo por estas impresiones montañas. En pleno agosto es fácil encontrar flores, especialmente cuanto más alto subas. Arriba puedes encontrarte pequeños prados sembrados de gencianas, ásteres, lirios o campanillas. En el fondo de los valles es muy agradable pasear por sus frondosos bosques con las bellísimas hayas, el pino royo, abetos, arces, serbales, abedules, avellanos, tilos, robles y así decenas de especies más, o centenares si sumamos los arbustos. Un paraíso para el amante de la naturaleza.
Días para disfrutar con la familia, en estos paseos, en las pozas (gorgas) de aguas transparentes, la vida del cámping. Tranquilidad, paisajes y también lecturas, porque en los últimos años se han multiplicado las publicaciones sobre estas montañas, su naturaleza, sus pueblos o sus mitos y leyendas; también publicaciones periódicas como las revistas El mundo de los Pirineos o la más veterana y francesa Pyrénées magazine. Libros y revistas maravillosamente ilustradas. Una tentación para el amante de estos territorios y sus librerías.

Hoy vuelvo al trabajo, con esas expectativas sombrías de la crisis, o en el mejor de los casos por el simple hecho de tener ante mí largos meses de obligaciones laborales. Pero no creáis que este panorama un tanto alienante me aleja de los Pirineos. Las hojas de sus árboles guardadas entre periódicos, los libros, las muchas fotos y los recuerdos me mantendrán unido a aquellas montañas, especialmente en estas semanas todavía demasiado secas y calurosas para salir al campo cercano agostado y pajizo.

lunes, 21 de junio de 2010

Escribano palustre. A vuela pluma notas sobre el paisaje.


Volcar escombros, derruir, nunca ha habido tanto riesgo de deteriorar el paisaje, lo que se acantona es la naturaleza y lo que se extiende es el deterioro. La conciencia ambiental de la belleza del mundo, es de hace 25 años. En la sociedad española, del exterminio de las alimañas hemos pasado al hermano lobo. (Martínez de Pisón)

En el pasado el paisaje era visto como suelo para construir y no como un recurso natural escaso y no renovable.

La ciudad uniforma cuanto toca, la gran ciudad es la excrecencia y símbolo del actual progreso. El hombre ha logrado interponer entre él y la naturaleza una sobrenaturaleza.

El paisaje es una fuente de conocimiento.

El convenio europeo del paisaje se firmó en octubre de 2000 en Florencia y en España entra en vigor en 2008. Andalucía, Cantabria y Cataluña, son las comunidades que más aplican esta legislación.

El paisaje es mucho más que estética, es ética. Tener un buen paisaje es un indicador de sostenibilidad. Frenar la descapitalización del patrimonio, al tiempo hay que buscar fórmulas para su revalorización, y hace falta un cambio de paradigma.

Son los espacios originados por la naturaleza, de un origen geológico antiquísimo. El paisaje es algo cuando se proyecta una mirada desde una determinada perspectiva. Es sobre todo la mirada que lo acoge. Existir es ser percibido. De la materialidad fría inerte, al ser percibido da ser existencia al paisaje de carácter humano de primerísimo orden.

Cuando el niño llega acompañado de su padre y le dice: mira el mar. El niño le contesta, papá enséñame a mirar el mar, porque necesitamos una educación, citando a Eduardo Galeano. El paisaje entendido como valor y no el de postal, hablo de valor filosófico, es un bien que mejora la existencia humana. Es la dimensión de la personalidad humana más maltratada por la cultura humana. Hemos producido belleza, pero no la hemos educado, hemos educado la racional, la social pero no la estética. Por qué el paisaje es uno de los elementos de conocimiento, por qué es importante, por una razón tan elemental como que nos ofrece espacio. El conocimiento del paisaje es el conocimiento del paisaje que no nos es propio. Si es cierto que el paisaje es la proyección cultural que nosotros proyectamos en la naturaleza, es inherente a naturaleza y a cultura. Las declaraciones de derechos humanos deben incorporar el derecho al paisaje. Somos seres de espacio que ocupamos espacio. El paisaje es la extensión de nuestra piel, es un derecho moral por lo que debe llegar a un derecho jurídico. La educación nos permite el acceso al paisaje, pero previo a la educación también somos capaces de disfrutar del paisaje. Lo que es sublime conmueve, lo que es bello encanta, citando a Kant. (Joan Manuel del Pozo)

Hoy nadie quiere parar en los pueblos porque son símbolo d la estreches, del abandono y la miseria. Pero han hecho tan invisible la aldea como la megápolis. La ciudad uniforma cuanto toca, es la excrecencia y el símbolo de actual progreso. La aldea es el último reducto del individualismo. Ser de pueblo es un don de dios, y son siempre los mismos, el soto, los tesos, el nido de la cigüeña el pueblo permanece son siempre los mismos, mientras que la ciudad, las montañas de ladrillos van cambiando y con los años y no quedaba ningún testigo por aquello del progreso y las perspectivas de futuro. (Miguel Delibes)

En Europa el territorio dista de ser natural, no lo son las ciudades ni el campo, porque hay que alterar el relieve natural. Tan artificial es un sembrado como una carretera. Lo natural son los terrenos no trabajados. El hombre ha llegado a interponer entre él y la naturaleza una espesa zona de creación técnica que es una sobre naturaleza. Con nuestras manos creamos una segunda naturaleza, cita de Cicerón.

El paisaje es sentido de maneras distintas según las personas. Pero a la luz de los últimos experimentos indican que los gustos sobre el paisaje se empiezan a saber porqué varían de unas personas a otras. Los expertos de la estética no pueden ser personas que actúen llevados de su propia suficiencia, deben tener en cuenta los planteamientos del público y no con el criterio de unos iluminados, guiados sobre su propia sensiblidad (Gonzálvez)

Todos los pueblos tienen un modo de conocimiento de su propio paisaje. El paisaje no es solo una apariencia. Hay una estructura que arma el paisaje que muestra la cara que percibimos. Nosotros pasamos y los lugares quedan. Podemos aprender a leer el paisaje. Machado y Unamuno han dado numerosos ingredientes paisajísticos como Azorín. (Martínez de Pisón)

jueves, 10 de junio de 2010

La conquista del Cervino


La conquista del Cervino, de Edgard Whymper. Es un volumen con una recopilación que Desnivel ha editado con los textos de este escalador inglés sobre su ascensión a este pico suizo-italiano.
Son los comienzos del alpinismo, él hace cima el 14 de julio de 1865, con 25 años. Cinco años antes viaja a los Alpes por encargo de un editor, para realizar dibujos de los grandes picos. Allí conoce la grandeza de este territorio, de sus paisajes montañosos, que vuelve a visitar en 1861, cuando escala por primera vez un gran pico, el Mont Pelvoux. Entonces experimenta los misteriosos impulsos que animan al ser humano a asomarse a lo desconocido. Esta ‘mística’ le lleva a probar escalar el Cervino. Verano tras verano se reserva unos días de vacaciones para intentar, sin conseguirlo, hollar la cima del Cervino (creo recordar que en el libro nunca se nombra por su nombre alemán: Marterhom). Hasta que en julio de 1865 lo consigue, protagonizando durante el descenso otra de las grandes facetas del montañismo, como son sus tragedias. En la bajada resbalan y mueren al precipitarse al vacío, cuatro de los siete expedicionarios.
Una agradable lectura nos lleva por estos paisajes, compartidos entre el territorio suizo de Zermatt y Breuileu, en la parte italiana. En esta edición de Desnivel se intercalan una serie de deliciosos grabados del propio Whymper.

viernes, 21 de mayo de 2010

martes, 9 de marzo de 2010

Narcissus fernandesii en la Vía Verde la Subbética




Realmente es una rareza este narciso que me he encontrado en la Vía Verde de la Subbética. Esta familia, muy variable y difícil de clasificar para un aficionado, está ampliamente representada en nuestra comarca por el Narcissus assoanus, que también aparece en la vía verde, en sus lugares típicos, en las grietas de las calizas.
En un paseo en bici, a finales de febrero, fotografié una pequeña población de narcisos que prosperaba en una cuneta encharcada de la Vía Verde. Un tallo más engrosado por abajo, creciendo en un lugar encharcado, tallos con cuatro flores, además muy olorosas, diría que fétidas, con el tubo de la corola algo curvado, fueron determinantes para decantarme por el Narcissus fernandesii. Una bella especie, que supongo que en este año tan lluvioso crecerá en abundancia en la Nava de Cabra, localidad de referencia según el Catálogo Florístico del Subbético Cordobés, de Enrique Triano. Es una especie endémica del suroeste andaluz, catalogada de vulnerable, según el Catálogo Andaluz de Flora Silvestre Amenazada.




lunes, 1 de febrero de 2010

Andorreando por el camino del Navazuelo




Es un día gris y frío y estoy en la zona del camino del Navazuelo, en plenas sierras Subbéticas cordobesas. Hace frío pero me he quitado la chaqueta para sentarme en ella, leer y escribir. Me he ajustado la bufanda y el gorro de lana. Todo a mi alrededor tiene ese verde apagado de los días de invierno. Este paisaje y el ambiente frío predisponen el ánimo. Gozoso porque también necesitamos sentir las estadios y los distintos días que las atraviesan. Aprehendemos los matices del invierno: luminosos, gélidos, lluviosos. El musgo está exuberante, es la mejor época para él. La tierra, cargada de hojas secas, es abonada un año más. Todo envuelto en un silencio reconfortante, en el que percibir el aterciopelado aleteo y el trasiego de pajarillos entre arbustos de lentisco y labiérnago. He subido hasta una pequeña cueva que se abre en mitad de un cantil. Es una apertura estrecha, por donde se accede a un hueco con el techo alto, abovedado, pero suficiente para sentirse a resguardo, con vistas al Lobatejo.

miércoles, 20 de enero de 2010

Por los bosques próximos al río Bailón


A una hora de Zuheros, río Bailón arriba, se encuentra un espeso bosque de encinas. Hasta ahí caminé el pasado domingo, quería ver setas, imaginaba que, a pesar de ser enero y haber pasado algunas jornadas de frío, las abundantes lluvias de las últimas semanas habrían favorecido la aparición de setas. Después de cruzar el río a duras penas, por lo crecido, llegué al magnífico bosque, compuesto de encinas de pequeño a mediano porte, muy espeso. Apenas si encontré algunas setas, especialmente algunas Pie azul (Legista nuda), me llevé las de la foto para saborearlas con ajos y jamón, una tapita. Sí fotografié los preciosos y venenosos eléboros, el medicinal rusco y sobre todo líquenes. Tengo poca bibliografía sobre líquenes, el magnífico y barato volumen ‘Guía de líquenes epífitos’, editado por el ministerio de Medio Ambiente y poco más, así que no me atrevo a llegar al nivel de especie.

jueves, 7 de enero de 2010

Hacia los confines del mundo




Hacia los confines del mundo, de Harry Thompson
Hemos pasado algunos días de descanso y con lluvia, perfectos en invierno para dedicarlos a la lectura. Aunque, en realidad me ha llevado dos meses terminar ‘Hacia los confines del mundo’ de Harry Thompson. Más de 800 páginas contando dos vidas formidables, las del capitán FitzRoy, el principal protagonista; y los avatares de Charles Darwin, el personaje que a mí me interesaba más. Como el año que acaba de terminar estaba dedicado a la figura del genial naturalista, me propuse leer algo de Darwin, hace años ya leí ‘El origen de las especies’, algunos pasajes de sus viajes, en una edición resumida y de bolsillo y una breve biografía.
‘Hacia los confines del mundo’, es una novela histórica, de descubrimientos y navegación en el siglo XIX, a vela, en el Beagle. Admirables las singladuras de FitzRoy, de 23 años y Darwin, con 21. Pasaron, con el resto de la tripulación, cinco años recorriendo el mundo, comprimidos en pequeños camarotes del mítico bergantín. Las tormentas, el frío, la difícil navegación por el laberinto de canales e islas de Tierra de Fuego, su contacto con los fueguinos, las observaciones meteorológicas, de las que el capitán del Beagle fue pionero, siempre meticuloso con sus aparatos, cronómetros y barómetros, todo se va contando en el libro, mientras cambian y se enfrentan las opiniones de estos dos grandes personajes.
Y sobre todo Darwin, un joven que se embarcó como ‘filósofo de la naturaleza’, para acompañar las soledades y las inquietudes científicas de FitzRoy. Un Darwin que iba para clérigo, pero que los fósiles, los estratos en las costas patagónicas, la botánica y la zoología empezaron a hablarle de un mundo cambiante y antiquísimo, que difícilmente cuadraba con una historia de la Tierra de cuatro o cinco mil años de antigüedad como proponía la Iglesia, con un mundo ordenado y programado desde la divinidad. “La humildad me lleva a la inevitable conclusión de que somos simples animales”, concluye Darwin. Hubiera deseado más episodios naturalistas, el autor prefiere profundizar en las experiencias vitales.
Días leyendo hasta tarde, escuchando la lluvia, y también algún paseo para ver el Bailón este dos de enero, en Zuheros o un paseo por la vía verde de La Subbética, donde el 26 de diciembre fotografié unos patos. Días de lluvia. Un buen libro.