domingo, 22 de marzo de 2015

La parábola de las collejas

Llueve. Camino solitario. Niebla un poco más arriba. Trino invisible, pero cercano. Me detengo y escucho con atención. Vuelos imprevistos. Las gotas golpean la tela tensa del paraguas. Los almendros han terminados la floración. Brotes de las nuevas hojas. Renuevos. Amarillo de la aulaga, un pequeño sol bajo las nubes.


Frutos de la zarzaparrilla, el triunfo de una planta austera. El lujo de un bejuco discreto. Cortijo en ruinas, bellísimo hoy. Con el abrazo de las zarzas, la hiedra y como vecino un quejigo. Podría tumbarme en el camino, a empaparme de la fina lluvia. No hay nadie, no hay faena en el campo. La modesta belleza de este día me quiere llevar a lo absoluto. Un manchón de collejas me devuelve a la sabrosa realidad. Las gotitas emborronan lo escrito. Primavera.



viernes, 20 de marzo de 2015

La niebla filtra un espectacular eclipse de Sol



Hoy he trabajado con el Sol. Algo así como trabajar saliendo del trabajo, porque el eclipse, por un rato, me ha permitido pensar en más allá de las nubes. Lo que en un principio pareció un inconveniente, se transformó en ventaja para observar en Rute el eclipse parcial de Sol. La mañana de este 20 de marzo se presentó con niebla, lo que pareció dar al traste con la observación del eclipse, pero a partir de las 10,30 de la mañana, el espesor cambiante de la niebla permitió en la localidad ver este fenómeno astronómico con toda comodidad. Por momentos no hacían falta ni cristales ahumados, ni gafas de soldador; a simple vista podía observarse como la Luna iba tapando parcialmente al sol. Toda una suerte para los más curiosos en Rute, porque hasta dentro de 11 años no se repetirá este fenómeno. Como referencia fotográfica, aparece la avenida Blas Infante y la espadaña del campanario de la ermita de la Virgen del Carmen, en la calle Toledo.

  

martes, 10 de marzo de 2015

Prunus dulcis

De forma sutil, poética, apta solo para atentos a las cálidas nevadas, cuando las produce el viento. Así, una tarde de estas de marzo, comenzará la nevada blanca y algo rosada, acompañada por un aroma meloso.
Grandes copos voltearán en el aire como pétalos de almendro que son. Y de esta manera despierta a la primavera el mediterráneo, domeñado por el hombre y donde siempre hay algo en flor, porque nunca el invierno adormece de frío.
   Espectáculo botánico de estos retorcidos árboles, traídos hace miles de años, por el valor de sus insuperables frutos, que habrá que recoger en septiembre. Dice mi libro de árboles de Ginés López (en toda casa debería haber un libro sobre árboles) que viene de algún lugar de las montañas de Asia central, donde
cerca florecieron las primeras agriculturas. Prunus dulcis, que es su nombre científico, también lo hay con frutos amargos, cargados de ácido cianhídrico. Un veneno muy potente, a veces veinte almendras amargas pueden producir la muerte de un adulto. Y el biólogo Alejandro Martínez-Abraín, escribe en Quercus, que el almendro florece tan temprano, porque de forma natural vive bajo un dosel arbóreo de los bosques asiáticos, así que aprovecha para florecer antes que otros árboles lo oculten a los insectos.
Las puntas de sus ramas se cuajan ahora de flores, haciendo de sus copas bolas blancas tan llamativas, a cada curva del camino, que uno se para a hacer alguna foto y se embriaga de los mismos aromas que llaman con amor a las abejas.