domingo, 10 de julio de 2016

El romanticismo en Pietramula

Pasamos la noche cerca de Pietramula, a las siete de la mañana del 13 de agosto de 2015


El hombre tiene un nacimiento incompleto. Por eso no ha podido jamás conformarse con vivir naturalmente y ha necesitado algo más, religión filosofía, arte o ciencia.
María Zambrano

Yo lo que pido es montaña, grandes montañas con apenas gente y cielo inmenso. Quizás ahí encuentre un poco de religión, filosofía, arte y ciencia. Una tienda de campaña como refugio, por si esos cielos se embravecen en la tarde, en el Valle Real, hacia Pietramula. Aguzar el oído para detectar si la lejana tormenta se acerca. Hay veces que las llaves, la navaja, la hebilla, la cuchara o cualquier cosa metálica la alejo de mi cuerpo. La guardo en los calcetines y estos dentro de la bota, y las botas fuera en el avance. Así hicimos Miguel y yo, porque los truenos nos arroparon en la noche de Pietramula y no queríamos atraerlos hasta nuestros bolsillos.
Lago inferior de La Munia, o gorgo d'el Tromacal, mañana del 13 de agosto 2015
Quebrantahuesos


Todo estallaba con la poderosa tormenta de agosto, impregnando de rosa nuestras dilatadas pupilas. Estruendo en el que también quería distinguir posibles rocas que rodaran ladera abajo, en la dirección de nuestra tienda. Por fin entramos en el sueño de la montaña, salvados, cuando la rugiente noche volteaba a otro valle. La mañana llegó con nuevas y poderosas descargas, leche caliente y galletas.
El verde esa mañana, camino del Robiñera, era nuevo, recién lavado. La paz en el cielo llegó con un quebrantahuesos, que como una saeta anaranjada atravesó el cielo corriendo el espeso dosel de nubes. Las terneras pastaban apaciblemente y secas. Seguimos remontando pastos, entre la brisa limpia que se tornó en hedor cerca del arroyo del barranco del Clot. Encajada entre los peñascos del torrente, descubrimos la mirada hueca de una vaca hinchada y medio comida por un centenar de buitres que huían de nosotros a zancadas ladera arriba, con un movimiento pesado, buscando altura para poder despegar.
Pronto los pajarillos serranos nos devolvieron a la alegre vida y a la fatigosa caminata. A la llegada del collado de Las Puertas, de nuevo el cielo se volvió plomizo, pesado. Así que nos dirigimos a los cercanos lagos de La Munia, donde bajo el paraguas comimos mientras los granizos agujereaban como disparos las negras aguas de estos grandes ibones o gorgos d’el Tromacal. Absortos, con el bocadillo en la mano.
Collado de las Puertas, 13 de agosto 2015


La naturaleza para el romántico es inmensa, inabarcable, infinita, y la ve en sus máximos momentos de furia esplendorosa: en la tempestad, en el rayo, en la montaña abrupta…
María Zambrano
Miguel en el barranco del Clot, 13 de agosto de 2015