miércoles, 31 de diciembre de 2014

El pequeño rincón de Fuente Las Jarcas


Me detengo un buen rato en la fuente de Las Jarcas. Con su lavadero y abajo su abrevadero, su pequeño aparcamiento, limitado por una baranda de troncos. Junto al camino que va desde Los Pelaos a la carretera de Gaena y la sierra de la Camorra. Un rincón cuidado, de hierba fresca, que el Ayuntamiento de Cabra  o la consejería de Medio Ambiente siega en verano, antes de que se convierta en maleza. El lugar se mantiene limpio, y ofrece tres merenderos, sombreados por higueras, ahora desohajadas. También hay media docena de arbolitos, desnudos, creo que alguno es un fresno. Hay un par de hediondos, curiosos arbustos que es en verano cuando pierden las hojas, ¡cuidado, son venenosos!
 Pero en esta tibia mañana, que despertó bastante fría, los que destacan son los majuelos, tres, con sus frutitos, como manzanitas de profundo rojo. En los momentos de tranquilidad, cuando ningún vehículo o grupo de ciclistas pasa por el camino, merodean por el lugar un grupo de pajarillos que chistan desde las ramas, o desde los bancos de los merenderos o de las fuentes. Con envidiable vitalidad exploran el terreno y lo observan todo. Ellos, pinzones y diminutos mosquiteros, son, junto con el agua, los que hacen inmortal el lugar.
Este manantial, que habrá abastecido a antiguas poblaciones iberas, y aun otras de la edad del bronce. Es lo que se explica en un cartel divulgativo. Al lado hay otro, hecho a mano: “En la naturaleza el único animal que ensucia es el hombre… así que compórtate como un animal salvaje”. Así que es una lección de civismo mantener este lugar limpio y cuidado, también reivindicar cada centímetro público y celebrar rincones como este, donde leer y disfrutar al sol de diciembre, este último sábado del año.

viernes, 26 de diciembre de 2014

La conquista social de la Tierra, de Edward O. Wilson

 Edward O. Wilson es una eminencia en el estudio de las hormigas (mirmecología). Y un gran darwinista. Un hombre de ciencia, que en sus libros plantea grandes preguntas filosóficas: de dónde venimos, qué somos, adónde vamos. Asuntos que aborda en su libro ‘La conquista social de la tierra’ (Editorial Debate).
Estudiando a las hormigas, llega a las respuestas de los grandes temas humanos. Pero puede que esos grandes temas solo estén en nosotros, en la insignificancia humana. No son cuestiones que se planteen las asombrosas hormigas, ni las maravillosas abejas, los abejorros tienen otras cosas en las que pensar y los termes, aun más primitivos, tampoco llegan a estas cuestiones. La naturaleza del escorpión es picar, y la humana, quizá tan robotizada como la de los demás seres, sea pensar de dónde, qué, adónde. Y de esa raíz profunda aparece la maravilla de la imaginación, creación, inventiva.
Cada vez con más datos, la ciencia nos confirma, que las artes, la filosofía, la religión, es un producto de nuestra biología, de nuestra evolución individual y social, eusocial. Y así todos nosotros somos grandes pensadores, sin excepción. ¿No es también maravilloso? “Nosotros, todos nosotros, vivimos nuestra vida en conflicto y disensión”. Porque “cuanto más descubrimos acerca de nuestra existencia física, más evidente resulta que incluso las formas más complejas de comportamiento humano son, en último término, biológicas”.
Como las obras de los grandes científicos, su libro es mucho de ciencia, pero también filosofía y para mí, poesía: “según cualquier patrón concebible, la humanidad es, decididamente, el mayor logro de la vida. Somos la mente de la biosfera, del sistema solar y (¿quién puede decirlo?) quizá de la galaxia”.

domingo, 7 de diciembre de 2014

El frágil corral del Veleta

Es el Veleta el que domina mi paseo, por el valle de San Juan, a más de 2.500 metros. Llego hasta los 2.750 m. en un agradable paseo, que busca las crestas que dan al barranco del Guarnón, el barranco paralelo que pertenece al Veleta. Es 12 de julio, hay pocos neveros, que busco para tener esa sensación de haber salido de Andalucía, sin haber salido, de haber salido del verano en este julio. Hay un enorme hito de piedras, que no sé que marca pues no está en ningún pico, no marca la mayor altura de nada, subo un poco más, el viento sopla agradable, cimbreando los lastones, mientras las matas de Ptilitrichum spinosum están quietas, pegadas a las rocas. El torrente del río San Juan brilla abajo, y las esquilas de las vacas me llegan por momentos, traídas por el viento. Es el terreno de los cresteríos. Hay un nevero que se derrite creando un pequeño lagunillo solitario, sobrevolado por una mariposa Vanessa cardui, con sus colores asombrosos en este panorama gris. Paso por una acumulación de grandes bloques de esquisto, que al pisar, a veces se mueven, en un balanceo que produce un sonido como de lápidas.
 Ahora es 25  de octubre, parto desde la Hoya de la Mora, a un lado el viejo observatorio astronómico, y junto a mí, el altar y la Virgen de las Nieves. Ciencia y religión, todos precisan de las alturas. Me adelanta en mi caminata, hacia el corral del Veleta, un cochazo con escudos del Estado, añadiendo ruido a este paraje. A las tres menos cuarto, me tomo una manzana, que trae una pegatina que dice que viene del valle alpino de Venosta, en el Tirol, yo estoy en el corral del Veleta, a 10,2º C y a 3.052 metros.  Tampoco hay silencio a estas horas, porque un gran grupo de excursionistas se ha enriscado, buscando no sé que senda, que desciende desde el veredón del corral hasta los borreguiles del Guarnón. Este corral o cubeta glaciar, es una zona austera y desabrida, un territorio confuso de ondulaciones sucesivas, provocadas por los hielos y la nieve, plagada de grandes bloques rocosos herrumbrosos bajo la amenazante verticalidad del pico Veleta (3.396 m.). Solo las collalbas aun animan con sus vuelos este lugar, al que el sol no volverá hasta mañana.

Ahora, en casa, a principios de este noviembre, leo en el periódico del sábado que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ha publicado su Lista Verde, con los 23 parques nacionales del planeta incluidos, entre los que está a partir de ahora Sierra Nevada. Pertenece por su conservación del frágil ecosistema de montaña y el rico patrimonio cultural unido al turismo. Cuando leo sobre la sierra, me vienen esos instantes solitarios, pasados en ella, llenos de una atracción, que con los días es añoranza de esas austeras cumbres romas. Leo en Nacional Geographic de diciembre, que la mariposa Parnassius apollo ha desaparecido de la sierra almeriense de Gádor, posiblemente empujada por el cambio climático. El 12 de julio, nada más dejar el coche, a 2.500 m. comencé a ver apolos, revoloteando aquí y allá durante la primera parte de mi paseo. Todo es frágil y único aquí.