viernes, 30 de diciembre de 2011

Pensando en Tomas Tranströmer y en la loma de Papeles

De Tomas Tranströmer, que el 10 de diciembre recibió el premio Nobel de Literatura, las fotos son del 8 de diciembre:




Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,

parto hacia la isla cubierta de nieve.

Lo salvaje no tiene palabras.

Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones.



Si acertamos con los estrechos caminos que salen de Güejar Sierra y que se adentran en el macizo de Sierra Nevada, buscando el río Maitena y el cerro de Papeles, daremos con un recorrido que recomiendo. No es duro, no hay gran desnivel y se marcha por un carril que se puede hacer en coche, hasta llegar a más de 2.000 metros, camino de los Lavaderos de la Reina. Yo prefiero dejar el coche al poco de pasar el puente sobre el Maitena, y caminar entre pequeñas explotaciones ganaderas, algunas casitas y rodales de melojos. Ayuda y prepara para el magnífico panorama que nos espera más arriba. La loma de Papeles, es el mirador perfecto para saber cómo es el núcleo más alto de los tresmiles de Sierra Nevada con la Alcazaba (3.364m.) Mulhacén (3.479m.) y Veleta (3.396m.). Si el día está despejado disfrutaremos de las vistas, de unos picos que quedan a más de diez kilómetros del observador, majestuosas.

Para entender las cumbres, subió hasta aquí en agosto de 1915 el geólogo suizo Hugo Obermaier, para contemplar los barrancos de San Juan, Guarnón, Valdeinfierno y Valdecasillas. Estos tres últimos los dibujó calculando las dimensiones de sus glaciares cuaternarios, desde hace 1,6 millones de años. También suben por aquí los ganaderos y en sus tareas con las reses contemplan los picos y las nieves, y la hierba sobre todo. Los excursionistas y montañeros, con sus objetivos de ida y vuelta o sube y baja. También los operarios que desde una caseta amarrada a las piedras, en un mirador espléndido, otean las masas de pinos silvestres. Imagino que ese es el trabajo de los que allí suben. A esa caseta de vigilancia contra incendios…

¿Y si lo uniéramos todo? El placer de caminar, de comprobar la salud del verde denso de los pinares, o el verde ralo de la hierba, de intentar conocer la huella de los hielos y sus restos morrénicos y añadir el frescor del aire de las alturas, tan bueno para avivar los sentidos. Dejarse sentir pues lo salvaje no tiene palabras.

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres helechos testigos de las nieves

Y es que hoy he leído que la estación de esquí se ha metido con una de sus pistas, Águila, en territorio del parque nacional de Sierra Nevada. Arañar terreno al beneficio de la industria turística de la nieve. ¿Por qué no hacemos aparcamientos debajo de las catedrales? Es tan difícil respetar lo sublime. Y más complicado aun entenderlo.


El hermoso barranco de San Juan se suma con su ladera oeste a la oferta sol y nieve. El pobre paraje con sus feuchos puentes en la parte baja, con su cantera de serpentina y muy arriba plagado aquí y allá de plásticos de todos los colores provenientes de la estación de esquí.

Antes de la masificación y el negocio, el 30 de octubre, estuve por esta zona. Como siempre, buscando su belleza, la amplia e inmensa de estas alturas y también la pequeña, la minúscula, la que susurra al oído. Un día de otoño a 2.500 metros, con esa luz transparente que refleja nítidamente todo. Con los primeros centímetros de nieve y rodales de hierba dorada por los meses anteriores de implacable sol.

Lo grande y lo pequeño. Caminando con la vista arriba y abajo. Porque en las grietas de los esquistos te encuentras con formidables vegetales. Estas son las tres especies de helechos que encontré en los intersticios: Asplenium septentrionale, Polistichum lonchitis, Dryopteris filix-mas. Criaturas bellísimas, pero por favor, que las máquinas y los esquiadores vayan por su lado.