jueves, 30 de octubre de 2014

Las aguas sonorosas de los Tajos de la Virgen

Hay una fealdad en Sierra Nevada que me permite llegar al corazón de Sierra Nevada. Es la inmensa carretera y la estación de esquí. De vez en cuando veo a lo lejos algo rojo, fuera de las pistas, son plásticos que han volado de la estación.
Pasado el collado entre el observatorio astronómico y el blanco radiotelescopio, accedemos al valle del río Dílar. Entramos en la región de los Tajos de la Virgen, aún hay señales de pistas y remontes, y lagunas represadas, como la de Las Yeguas. Dice Severino Pallaruelo (escribiendo de los Pirineos), que a la montaña, es mucha la agresión que hay que hacerle para sacarle dinero.
Un poco más de camino, sobre una altura que ronda los 2.900 metros, aquí y allá aparecen los lagunillos de la Virgen. Es 13 de julio de 2013, un buen momento para que las flores alpinas estén en toda su gloria, para que todo rezume agua, incluso inundando parte de los borreguiles y que los neveros cubran las orillas de los lagunillos. Hay ranúnculos blancos y amarillos, mariposas y sobre todo el sonido del agua. Estoy a 2.831 metros y a las tres de la tarde el sol calienta hasta los 33º C. Aquí, la soledad, la nieve y la austeridad de los esquistos hacen del territorio un lugar eterno.

Flores encontradas en esta zona:

Arenaria tetraquetra
Armeria splendens
Chaenorhinum glareosum
Crepis oporinoides
Cystopteris fragilis
Dianthus brachyanthus
Gentiana alpina
Gentiana sierrae
Jasione amethystina
Leucamthemopsis pectinata
Nevadensia purpurea
Plantago nivalis
Ranunculus acetosellifolius
Ranunculus demissus
Saxifraga granulata
Sedum melanamtheru
Sempervivum minutum
Veronica nevadensis
Viola crassiuscula

 Esta semana de octubre de 2014, han encontrado en estos parajes de los Tajos de la Virgen, el cuerpo del montañero desaparecido en diciembre de 2013. Para él crecerán eternamente estas joyas. (…los ríos sonorosos/ el silbo de los aires amorosos. San Juan de la Cruz).

jueves, 16 de octubre de 2014

Cromañón. De cómo la edad de hielo dio paso a los humanos modernos. De Brian Fagan


 El universo simbólico para el que nos capacitó nuestro cerebro nos hizo mucho más fuertes. El lenguaje complejo, surgido con nuestra especie, creó seres tremendamente sociales, pequeños grupos conectados con otros. Tribus o clanes que intercambiarían abundante información, fundamental para nuestras estrategias de supervivencia. “En determinado momento, entre los 100.000 y los 50.000 años antes de nosotros, en un instante seminal, aunque poco conocido de la historia, el Homo sapiens desarrolló toda la batería completa de aptitudes cognitivas que hoy poseemos”. Y nos convertimos en la especie dominadora del planeta.
En torno a esos cincuenta milenios atrás, el hombre dejó testimonios de su espiritualidad, testificados en elementos funerarios, o en los primeros instrumentos hallados, como flautas con 35.000 años de antigüedad, y todas las pinturas prodigiosas del norte de España y el mediodía francés. Además, nuestro lenguaje es rico en matices, dando otra dimensión a nuestra especie. “Hablamos con fluidez y melifluamente, no solo comunicando cosas prácticas sino también proyectando una miríada de sentimientos, significaciones sutiles y emociones”. Nos convertimos en seres transcendentes.
Así fue el hombre de Cromañón, y así somos nosotros: los mismos. Nos vemos vulnerables y agresivos, sensibles y devastadores. Nuestro cerebro nos hizo superiores y al mismo tiempo nos sumergió en un mar de conflictos. Brian Fagan, arqueólogo y antropólogo, recoge esta historia en: ‘Cromañón. De cómo la edad de hielo dio paso a los humanos modernos’ editorial Gedisa.
Y es que somos las emociones atesoradas hace milenios. Cuando nos preguntamos por el placer del hogar ante la llegada de las lluvias y el frío, Brian Fagan nos da una respuesta: “En invierno, las personas deberían quedarse cerca de sus hogares, apiñados en pequeñas moradas donde pasarían las noches contando historias y cantando. Eran meses de intimidad…”.  Después de disfrutar el libro de Fagan, sigo pensando que somos más prehistoria, que historia.


jueves, 2 de octubre de 2014

Fea está la tarde

En esta fealdad de olmos y palmeras muriéndose todos los días. Hojas ocres, muertas como si un relámpago de diciembre las recorriera una a una.
Hojas secas en árboles secos. Y hojas de palma caídas, de palmeras tristes, vencidas por los gusanos que han devorado su cogollo. Fea es la tarde, solo dulcificada por las temperaturas de septiembre, de este último día de septiembre. Un caballo negro se ha acercado hasta donde me he parado en la vía verde, come en la rastrojera de la finca donde está cercado él y dos más. Y viene un olor lejano de basura quemada, de plástico derretido.
Es principio de otoño, se acortan los días; pero solo se mueren las hojas de las palmeras y de los olmos. Ya llevan meses, algunos años. Dejando las palmeras muertas más desamparados aun los cortijos abandonados. Dejando los olmos hileras de esqueletos en las riberas de los arroyos. Es la enfermedad del picudo rojo y de la grafiosis, pero me temo que en realidad sea la enfermedad del hombre la que los mata.

Ha salido un conejo negro disparado al verme. La oveja negra de la familia se ha asustado y corre llevándose el presagio de que fea es esta tarde. Dos cuervos graznan al atardecer, pasan la vía verde y se detienen en una torreta de la luz monstruosa de fea. Me marcho mirando a las nubes y mordiendo una ramita de hinojo.