viernes, 22 de mayo de 2015

Andar, una filosofía, de Frédéric Gros

Anduvieron en la vida Kant, Nerval, Rousseau, Ghandi. Y sus caminatas dejaron filosofía, cuyos pasos seguimos escuchando. “Rousseau afirma no poder pensar de verdad, componer, crear e inspirarse si no es caminando”, lo escribe Frédéric Gros en su libro ‘Andar, una filosofía’.
Caminar tiene un efecto comprensible para todo el que lo practique. Un beneficio que no llega solo tras concluir la caminata. Ya durante la misma, los pasos nos insuflan una moderada felicidad, de un cuerpo activo y una mente que se despeja. “Andar es estar fuera”, es como no tener nada y poseerlo todo, porque existes. Mis pasos me conducen por el campo, por el bosque, por el paisaje amplio y, también por las calles. La vida es caminar. La soledad de uno mismo caminando es una soledad sonora, reconstituyente. Lo vuelvo a decir, es existir.
Con nuestra marcha se masajean las vísceras, hígado, riñones, cerebro o bazo lo agradecen. Y el libro repasa algunos de los cerebros que mejor aprovecharon el caminar. “No se escribe solo con la mano. Solo se escribe bien con los pies”, dice un furibundo caminante como Nietzsche. Pero hay dos andarines gloriosos: Rousseau y Thoreau.
Me quedo con lo más constatable del ejercicio de marchar. “Tras un día entero de marcha, el simple bienestar de estirar las piernas, satisfacer el hambre sencillamente, saciar la sed tranquilamente y contemplar el día que termina”. Y no falta la alegría de andar con niños. “Cuando se camina con niños, señalan animales fabulosos en las ramas de un árbol, llaman la atención sobre los pétalos de una flor. No es el triunfo de la imaginación, sino un realismo sin prejuicios: total”.

Durante milenios hemos caminado porque ahí estaba el pan de cada día, buscando nuevos territorios de caza o nuevas tierras de las que comer. Andamos porque esa es nuestra naturaleza. La mitad de nuestro cuerpo son nuestras piernas, y esa es su razón de ser. Caminamos para estar vivos, y para soñar, y para pensar bien. En sus páginas finales, Gros escribe del poeta romántico Wordsworth: “Él fue el primero en inventar la marcha como acto poético, comunión con la Naturaleza, plenitud del cuerpo, contemplación del paisaje… uno de los primero en poner las piernas al servicio de la filosofía”. Andar, una filosofía, de Frédéric Gros.


domingo, 3 de mayo de 2015

Primavera Subbética


-Los troncos secos pesan menos que los vivos. ¡Tronco va!-
-Tengo la uña verde. ¿De qué es?-
-¿Por qué se te clavan astillas?-
La subida al Bermejo estuvo plagada de afirmaciones y de preguntas de Miguel. El cerebro trabaja en esta subida a mayor ritmo que las piernas. Siempre he defendido que la montaña tiene el poder de activar los la
Globularia spinosa, engarzada a las calizas como ancestral amante. Soberbias sin importarles nuestra admiración. Abajo quedó parte de la excursión, esperándonos, mientras trepábamos entre aulagas y asiéndonos a las macollas de esparto. -¿Por qué se clavan astillas?- Subimos por encima de las chovas, y al rato los buitres también volaban más bajos que nosotros.
pensamientos. Vimos flores raras, encaramadas a estos peñascos, defendiéndose de los herbívoros, de los suelos pobres y escasos. Glandora nitida, de un azul lujoso para la grisura de las peñas, o

A los pocos días, zigzagueaba por el camino del Navazuelo. Tan bello cuando amenaza lluvia. Una cañada donde la humedad hace florecer Pisum sativum subsp. elatius, el guisante salvaje o Scilla peruviana, en toda su realeza. Deseada agua. Cuando llueve mejor no escribir y escuchar. O mejor, guarecerse, aunque no está mal mojarse un poco. Bendecirse. Ver como el verde de los árboles se limpia y se hace intenso.