lunes, 16 de abril de 2012

‘El reloj de Mr. Darwin’, de Juan Luis Arsuaga

“Creo que una hoja de hierba no es menos que la trayectoria de las estrellas” (Walt Whitman)




Charles Darwin es uno de los científicos universales, que marcado un paso fundamental en el avance de la ciencia. La formidable idea de que pequeños cambios en los organismos vivos, que favorecen su supervivencia, sumados a lo largo de generaciones y a lo largo de milenios, producen grandes cambios, originando nuevas especies.


La selección natural actúa sobre estos cambios, escogiendo como hace el ganadero o el hortelano aquellos animales o vegetales más aptos. En resumidas cuentas, esta es la evolución, una idea genial sobre el gran mecanismo de la vida. “La selección natural hace inevitable la evolución de las especies”, escribe Arsuaga en su gozoso libro ‘El reloj de Mr. Darwin’. Este conocido paleontólogo explica la evolución de las especies, y la figura del gran naturalista, apoyándose en sus libros, con largos párrafos textuales y abordando los últimos conocimientos sobre la evolución. Como las aportaciones de Eldredge y Gould, sobre la aparición de nuevas especies en un periodo más corto de tiempo y en poblaciones aisladas.


‘El reloj de Mr. Darwin’, es un homenaje de un científico que se declara ¡Darwinista! Está lleno de sugerencias espléndidas: “Se ha podido ver que los pueblos que han mantenido hasta muy recientemente un estilo de vida basado en la caza y la recolección, o en todo caso, no muy occidentalizado, tenían menos sobrepeso, menos diabetes, menos colesterol en sangre y una presión más baja”, porque nuestro organismo pertenece a ese estilo de vida. Y también de crudas realidades: “La idea de la lucha por la vida cambia por completo nuestra querida visión de la naturaleza como un lugar paradisíaco de criaturas felices y lo convierten en un infierno de seres con «garras y picos ensangrentados»”. O incógnitas aún por resolver, como el momento exacto de la aparición de una especie nueva, el instante que ya no puede cruzarse y tener descendencia fértil con otra. Y lecciones de humildad, donde los humanos no ocupan un lugar central en la evolución, ni están un peldaño por delante de otros primates. Solo compartimos con el resto de seres este momento de la existencia, donde tantas especies son tan exitosas como nosotros.
Tras el fundamental viaje por el mundo, embarcado en el Beagle, en especial por el continente sudamericano; y después de años analizando la ingente cantidad de datos que originó ese fecundo viaje, Darwin publicó en 1859 ‘El origen de las especies’, la obra esencial sobre la historia de la vida. Una obra que va más allá de su aportación científica, quien la lea estará leyendo un libro fundamental también para la filosofía y yo diría que para la poesía, porque explica cómo han sido creadas tantas maravillas.

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