martes, 28 de marzo de 2017

A un paso de Rute

Aulagas tiñendo de amarillo la sierra ruteña.




-Un paso que cruje en la graba.
Camino al mirador de la Palomina, con el viento en los pinos, cuyas ramas gimen como viejas ventanas.

-Sisea la hierba al paso.
A la altura de Rute el Viejo. Queda abajo y desde aquí la fortaleza no parece tan inexpugnable, casi podría dejarme llevar hasta sus derruidas murallas, para nada conquistar.


-Un paso silenciado por la pinaza.
Y coger collejas para un revuelto esta noche, y fotografiar fritillarias y nazarenos de sierra.

-Detenido el paso por un tronco caído.
Pierdo la cuenta de sus anillos, podría tener cuarenta y ocho años o más, como yo.

-Por estas trochas mejor el paso firme.
Por la fuente de la Palomina no corre el agua, pero su pequeño pilar de ladrillos sí que tiene, quizás de la lluvia.

-Buscando el paso entre las aulagas
Están todas florecidas. Por millones han pintado toda la ladera de amarillo. Su naturaleza hiriente se ha tornado en belleza abrumadora.
Sierras Subbéticas de Córdoba.


-Jadeando a paso lento.
También florecen los narcisos, ranúnculos y las gageas, que también son amarillas.

-Cuidado con el paso en el chinarral.
Dice Ortega y Gasset: “Para quien lo pequeño no es nada, no es grande lo grande”.

-Todo, a un paso de Rute.

Laderas amarillas desde las ruinas de Rute el Viejo.

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