martes, 1 de agosto de 2017

Tiempo de emboscarse



Tronco de haya en el bosque de Gamueta.


Ha escrito Llamazares sobre los árboles. De las enfermedades como la Xilella fastidiosa, que ataca los almendros y los olivos. También las palmeras se secan, por los ataques del picudo rojo. Hoy mismo he visto junto a la carretera un hermoso olmo totalmente seco. Los olmos afectados de grafiosis mueren con las hojas puestas. De alguna manera el hombre está detrás de estas plagas. Y con el verano las llamas consumen millones de árboles, y no son las llamas del poderoso rayo, son las de la codicia premeditada o sobrevenida las que queman bosques completos. ¿Quién acertó con el cinismo del hombre cuando dijo que el propio árbol le da la madera para el mango del hacha?
Bosque del refugio de Linza.
Son fechas de vacaciones, y hay quien en vacaciones se dirige al descanso de una soleada playa. Al refugio de un libro. A la distinta tranquilidad del propio hogar cuando uno no tiene nada que hacer, algo que pienso cada vez más digno y menos contaminante. No es fácil ser dueño de tu propio tiempo, no es fácil siquiera ser plenamente consciente de ese tiempo.
Precisamente los árboles gestionan el tiempo de otra manera: creciendo durante siglos, muriendo durante siglos, pudriéndose durante siglos y puede que rebrotando eternamente. Son otras vidas que reverencio. Dispongo de unos días y lo he decidido: me voy al encuentro de estos viejos compañeros, nos emboscamos toda la familia.
 Aun quedan al doblar un empinado camino de montaña, enormes abetos, pinos, robles y hayas, cuyo fuste en otro tiempo aguantó las velas de los barcos. Impresionantes ejemplares entre los que adentrarse y perderse. No sentirse gran cosa, no saber gran cosa. Para Ortega, “solo cuando nos damos perfecta cuenta de que el paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles nos sentimos dentro de un bosque”. Quiero sentir esa extrañeza y ese vértigo, y si se puede hacer bajo la lluvia mejor. No voy a decir adónde, pero aun es posible, a pesar del hacha que es el mismo hombre. Julio Llamazares termina su artículo con la frase del poeta francés Claude Bobin: “Me gusta apoyar la mano en el tronco de un árbol no para asegurarme de su existencia sino de la mía”.
Miguel junto a espléndidos pinos negros en la faja Tormosa, Pineta.

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